
En los últimos tiempos hemos visto como el coste de los servidores de gama de entrada se reducía hasta colocarse por debajo de muchos sobremesas. La razón de esto hemos de buscarla en la dura competencia por dominar el mercado en la que se encuentran inmersos muchos fabricantes, y por un abaratamiento de componentes como los procesadores, la memoria o el sistema de almacenamiento. Los servidores de entrada son ideales para pequeñas empresas o departamentos que necesiten una máquina en la que depositar funciones básicas. Nos referimos a tareas como la de actuar como simples servidores de ficheros, almacenamiento de backups, gestión remota, gestión de actualizaciones o servicios FTP. Además, pueden servir como plataforma para correr sencillos programas de gestión para un número reducido de usuarios.
Eso sí, en la mayoría de las ocasiones será necesario aplicar alguna actualización a medida de las necesidades del cliente, o del perfil que va a desempeñar el servidor. Así, por ejemplo, si va a actuar como servidor web o para aplicaciones de gestión, generalmente será recomendable ampliar la memoria RAM. En el caso de utilizarlo para compartir carpetas o espacios de almacenamiento en red, tendremos que instalar inevitablemente nuevos discos duros de mayor capacidad y seguramente una controladora RAID para gestionar el almacenamiento de manera segura.
Intel o AMD