
A sus seguidores, los
losties, porque no
contaban con un epílogo tan abierto y enigmático y,
a otros, sus detractores, porque consideraban que el programa en sí no era más que un
burdo montaje de marketing. Para los
indiferentes que nunca han conseguido ver un capítulo completo los imbricados argumentos de la serie les han servido para convencerse de que, o bien, no se enteran ni del nodo, o bien, todo lo contrario, son mucho más inteligentes que el resto y han
sabido abstraerse de todo el tsunami mediático.
Estos perfiles también son
válidos para definir los pareceres del conjunto de la población
tras el anuncio de los recortes sociales más drásticos de la historia de la democracia española. Así, por un lado están
los que apoyaban el modelo económico propuesto por la actual
Administración y que todavía
no se creen el radical viraje emprendido por Zapatero que, en la práctica, supone la aniquilación del estado de bienestar. Por otro, se encuentran
los que desde el principio
consideraban insostenible el mantenimiento de fórmulas que anclaban a España
en cifras de déficit altísimas debido al espectacular aumento del gasto social. Y, por último, se encuentran los de la generación
NiNi, término de reciente creación que define a los jóvenes
que ni estudian ni trabajan y que se han transformado en un
paradójico reflejo de la realidad española.