Opinión

Aunque se venda mucho, el canal minorista tiene que adaptarse

El sector minorista nacional se juega estas semanas gran parte del negocio y de los ingresos del ejercicio. Después de años de crisis, con campañas de Navidad que no acababan de convencer a nadie, la de 2017 ha disparado las expectativas. La consolidación del Black Friday, además, ha hecho que la tradicional campaña de promociones de fin de año ya no dure dos o tres semanas, sino ¡dos meses! Además, el sector tecnológico debe estar de enhorabuena, porque todas las encuestas de intención de compra vuelven a colocar a los teléfonos móviles, los portátiles, los televisores de grandes dimensiones o las cámaras de acción entre los productos más deseados.

Sin embargo, la mejoría de la economía y del consumo no debería hacer perder la perspectiva al retail nacional. El sector se encuentra ante lo que se podría considerar una tormenta perfecta. Por un lado, en los últimos años ha sufrido la dura competencia de gigantes mundiales del e-commerce como Amazon o AliExpress. Por otro lado, también ve cómo las nuevas generaciones llegan con hábitos de compra diferentes y cada vez son más renuentes a desplazarse al establecimiento físico, prefiriendo en todo caso buscar y comparar en la web antes de poner un pie en la calle.

Los comercios deberán estilizar mucho sus espacios de exposición, pero también deberán trabajar para conocer bien a sus clientes y hacerles ofertas y propuestas muy personalizadas y afinadas, que es lo que hacen los grandes retailers online gracias a potentes desarrollos de computación. Para ello, tendrán que adoptar tecnologías que les permitan sacar partido al rastro de datos que hoy deja cualquiera cuando navega o pasea con su móvil por la ciudad. Implantar herramientas de big data y geolocalización será un requisito para todos los minoristas. En definitiva, las tiendas tendrán que hacer realidad la tan mentada omnicanalidad, ofreciendo la mejor atención al cliente, sin importar si llega por Internet, por las redes sociales, por el móvil o, como ocurrió siempre, o empujando la puerta de la calle porque se dejó seducir por un escaparate bien montado. 

LA PREGUNTA
¿Cuándo cree que se producirá la eclosión definitiva del Internet de las cosas (IoT)?