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La cloud pública también tendrá que examinarse de sostenibilidad

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Los grandes proveedores, como AWS, Microsoft y Google, anuncian planes ambiciosos para reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Es una demanda del planeta y de los clientes

Según datos de Accenture, el cloud reduce la huella de carbono de las empresas. Las empresas que migran sus aplicaciones a la nube pueden llegar a reducir su consumo de energía hasta un 65%, y sus emisiones de carbono pueden bajar aún más: hasta un 84%. El desprenderse de centros de datos y servidores propios para hacer la computación en equipamiento de terceros evidentemente tiene efectos beneficiosos en la hoja de méritos medioambientales de cualquier compañía. De esta forma, las empresas, además de beneficiarse de la flexibilidad y pagos recurrentes de la nube, rebajan su factura eléctrica y pueden presumir de tener un impacto en el entorno más reducido, lo que cada vez pesa más en la imagen que transmiten a los clientes, que por su parte empiezan a valorar el factor verde seriamente cuando contratan un servicio.

Pero lo único que sucede cuando las empresas adoptan masivamente la nube es que la huella de carbono se desplaza desde sus reducidos centros de datos a otros mayores, del tamaño de campos de fútbol muchas veces, que son los que permiten a los grandes proveedores de nube pública o hiperescalares, como Amazon Web Services, Microsoft y Google, dar servicios a millones de clientes en todo el mundo. Y es en estos centros, de dimensiones colosales y que se han multiplicado como setas por el planeta en los últimos años, donde el sector de las nuevas tecnologías juega su partido más importante en términos de sostenibilidad.

Los centros de datos de la industria del cloud van camino de superar en emisiones de carbono a la industria aeronáutica mundial. Aunque todavía están a mucha distancia de los sectores más contaminantes, como son el energético, que genera un 60% de las emisiones de CO2, la moda, la alimentación, el transporte en general o la construcción. Se calcula que el sector digital representa el 1,4% de las emisiones globales, y los centros de datos tienen gran parte de la responsabilidad.

Acuerdo europeo

Por eso, a principios de este año, la industria europea del cloud y los centros de datos alcanzó un pacto para contribuir a la sostenibilidad del sector en términos energéticos y para que los datacenters sean neutros en emisiones de dióxido de carbono, uno de los principales causantes del calentamiento global. En total, 17 asociaciones y 25 empresas del viejo continente se unieron a la causa verde, que está en línea con la estrategia común de la Unión Europea de llegar la neutralidad climática en 2050. Hay que recordar que la neutralidad no significa no emitir en absoluto CO2, sino compensar la huella que no se ha logrado eliminar aportando recursos a proyectos que persiguen la reducción de emisiones de este gas incoloro.

Entre otras cosas, el pacto europeo, en el que participan empresas como la española Gigas, establece, entre otras cosas, el compromiso de los grandes centros de datos de comprar energía cien por cien libre de carbono, priorizar la conservación del agua o reutilizar y reciclar servidores, fomentado la economía circular y evitando el tan lesivo “usar y tirar”.

Pero gran parte de esta lucha contra el calentamiento global la librarán los grandes proveedores de internet pública, como AWS, Microsoft, Google o Alibaba. Por el volumen de negocio que concentran y por la repercusión mundial que tiene cualquier iniciativa que abordan en términos de opinión pública. Las migraciones a la nube pública pueden reducir las emisiones de CO2 en 59 millones de toneladas anuales, lo que supone retirar 22 millones de coches de la circulación, casi los que hay en España dados de alta. Pero el saldo final dependerá de cómo los hiperescalares se tomen el reto medioambiental. Por el momento, las señales son buenas. Al fin y al cabo, el cuidado del planeta es ya o se va a convertir en un factor de diferenciación a la hora de ir a buscar unos clientes cada vez más concienciados con este problema.

Los objetivos ambiciosos de los hiperescalares

Google, por ejemplo, se ha marcado el reto de consumir solo energía limpia en el año 2030. En los centros de datos de Google también adoptan medidas de economía circular para dar una segunda vida a piezas de hardware o a servidores enteros. Amazon Web Services, por su parte, asegura que en 2018 ya fue capaz de superar la cota del 50% de su consumo procedente de energías renovables. Y ahora ha llegado al compromiso de ir a un cien por cien en 2025. De hecho, la empresa de Jeff Bezos está abriendo parques solares y eólicos en todo el planeta. Ya cuenta con más de 200 proyectos de este tipo. En España, a finales de 2020 puso en marcha una planta solar en Alcalá de Guadaira (Sevilla) y hace unos meses abrió otra en Zaragoza. Ambas darán energía a los tres centros de datos que el gigante del comercio electrónico construye en las inmediaciones de la capital del Ebro. A nivel más general, el objetivo de la multinacional es alcanzar la neutralidad (cero emisiones netas) para 2040.

Por su parte, Microsoft, la otra punta en el gran tridente de la nube pública, también ha anunciado objetivos ambiciosos en términos de descarbonización. La compañía que dirige Satya Nadella, y que a largo plazo quiere que todos sus clientes pasen de una u otra forma por sus centros de datos, se ha prometido incluso ser “negativa en carbono” al final de esta década. Y para 2050 pretende compensar todas sus emisiones desde su fundación en 1975. Es decir, a mediados de siglo, la empresa de Seattle espera haber extraído de la atmósfera tanto carbono como el producido por su actividad desde que Bill Gates y Paul Allen sentaron las bases de la compañía de Windows. Esos objetivos fueron anunciados a principios del año pasado, un momento que Microsoft también aprovechó para dar a conocer un fondo de innovación dotado con 1.000 millones de dólares de presupuesto para desarrollar tecnologías que ayuden a aplacar el calentamiento planetario. La sombra de Bill Gates, muy preocupado últimamente por la sostenibilidad y el futuro de la Tierra, es alargada.

Centro de datos de Microsoft.
Centro de datos de Microsoft.

El mercado en líneas generales ha aplaudido estos planes. Las grandes tecnológicas que están detrás de las cloud pública han abrazado el credo ambientalista, buscando también recuperar una reputación por los suelos debido a problemas regulatorios y al uso abusivo que algunas de ellas hacen de los datos personales. Sea por la razón que sea, el movimiento es importante, y su repercusión en otras empresas y en la mentalidad de clientes y consumidores también será mayúsculo. Conviene no perderle la pista.  

 

LA PREGUNTA
¿Qué impacto cree que tendrá Windows 11 en su negocio en los próximos meses?