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La muerte de Steve Jobs deja muchas incertidumbres

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Tras una larga batalla contra el cáncer, Steve Jobs falleció ayer a los 56 años de edad. En el alero queda ahora el futuro de la mayor compañía del mundo tecnológico por capitalización bursátil y, según muchos, la más innovadora.

Tan sólo un día después de la presentación del nuevo iPhone 4S, la compañía de la manzana ha confirmado el fallecimiento de Steve Jobs a los 56 años de edad a causa de un cáncer diagnosticado en el año 2004. El pasado mes de agosto, el hasta ese momento CEO de Apple, anunció su marcha de la compañía dejando como sucesor a Tim Cook. La última aparición pública de Jobs, un hito de la cultura popular (no más que ver la repercusión mediática de la noticia) y para muchos la piedra angular de un modelo de negocio ejemplar, fue en marzo para presentar la versión 2 del iPad.     En un comunicado en la página web de Apple, la compañía de la manzana ha asegurado que "Apple ha perdido a un genio visionario y creativo y el mundo ha perdido a un asombroso ser humano. Aquellos que hemos tenido la suerte de conocer y trabajar con Steve hemos perdido a un querido amigo y a un mentor. Steve deja atrás una compañía que sólo él podría haber construido y su espíritu estará siempre en la base de Apple".     Más allá de de los comentarios agradecidos de la propia compañía, lo que es incuestionable es que Jobs presenta una hoja de servicios intachable en su segunda época en Apple. Volvió a la firma que fundó en 1997, cuando casi estaba fuera de juego, con una línea de producto reducida a los entornos de diseño y con una escasa repercusión en la industria. Era una época en que los balances trimestrales de la compañía venían siempre teñidos de rojo.      Sin embargo, Jobs, considerado por muchos un genio y por otros como un difícil compañero de trabajo, logró remontar el vuelo de la compañía de la manzana y ponerla en lo más alto del olimpo tecnológico y empresarial mundial. A falta de ver la reacción de la Bolsa a la desaparición de Jobs, Apple es hoy la compañía con más capitalización bursátil del mundo, en lucha con Exxon Mobile, con unos 350.000 millones de dólares de valor, muy por delante de gigantes como IBM o Microsoft, que rondan los 200.000 millones, y casi siete veces más que un histórico como HP.        Jobs, en cierta manera, ha reinventado la informática de consumo. Primero fue un pequeño aparatito, el iPod, en 2001, el que cambió la industria de la música digital. Luego, en 2007, la factoría de Steve Jobs volvió a reinventar el teléfono con el iPhone, que hoy es modelo a seguir por todos los competidores, se disputa la primacía en smartphones con Android y le reporta trimestralmente más de 13.000 millones de dólares en ingresos. Pero no quedó ahí la cosa, el último gadget que Jobs se sacó del sombrero, el iPad, sencillamente inauguraba una nueva categoría de producto y ha puesto contra las cuerdas al PC de toda la vida, por lo menos en el ámbito del consumo.     La muerte de Jobs abre muchos interrogantes que irán teniendo respuesta en las próximas horas, días, semanas y meses. ¿Cómo va a reaccionar la Bolsa? ¿Necesitará Apple a un visionario capaz de ilusionar a millones de usuarios como lo hizo Jobs? ¿Necesitará reemplazar la firma al nuevo CEO, Tim Cook, un buen gestor y conocedor de la cadena de suministro, pero sin la capacidad para entusiasmar de su antecesor? Todo para responder a una pregunta que ronda a muchos desde que a Steve Jobs le fue diagnosticado el cáncer de pancreas que acabó con su vida: ¿Hasta qué punto Apple seguirá siendo Apple sin Jobs?        
 
 

LA PREGUNTA
¿En qué medida se beneficiará, como partner de tecnología, de los fondos europeos?