Opinión

Las derivadas del 'chipageddon'

La Covid-19 ha provocado una crisis sanitaria y económica de magnitud sideral. Ha cambiado y está cambiando sectores de actividad enteros. Y la forma en que trabajamos y estudiamos. E incluso hábitos sociales tan básicos como pasear por las ciudades y salir a comer o visitar al médico. En el sector tecnológico, en un primer momento parecía que la pandemia iba a suponer un golpe mortal a las ventas de fabricantes, mayoristas y distribuidores. Y, sin embargo, y en líneas generales, dio lugar a todo lo contrario.

Muchas firmas de este sector han muerto de éxito. La demanda mundial de equipos para el teletrabajo y la educación a distancia por parte de familias y empresas colapsó a una industria con problemas logísticos y con fábricas cerradas y a medio gas precisamente por la pandemia. Y esos problemas no se han solucionado en lo que va de 2020 y previsiblemente sigan con nosotros durante mucho tiempo. En el sector se refieren a este colapso fabril para servir componentes, y sobre todo procesadores, con un término muy gráfico: “chipageddon”.

El llamado 'chipageddon' tiene difícil solución porque una fábrica de procesadores no se improvisa. Son necesarios meses para simplemente cambiar la producción en una factoría existente, y años y miles de millones de euros para levantar una desde cero

Los chips son básicos hoy en cualquier dispositivo de la vida cotidiana, y el sector TI es solo un demandante más de esta tecnología. Y ni tan siquiera el más importante. El sector automovilístico y otros ámbitos de la industria también están teniendo muchas dificultades para mantener sus niveles de producción por la carestía de la circuitería que necesitan. Por no hablar de los despliegues de IoT, que multiplicará la capacidad de computación repartida por todo tipo de aparatos e infraestructuras.

El llamado “chipageddon” tiene difícil solución porque una fábrica de procesadores no se improvisa. Son necesarios meses para simplemente cambiar la producción en una factoría existente, y años y miles de millones de euros para levantar una desde cero. Los expertos dicen que se necesitarán varios ejercicios para equilibrar la oferta y la demanda de estos componentes, un problema que, por otro lado, se venía arrastrando desde antes de la Covid-19.

Esta dificultad, además, lleva a otro problema inquietante: la excesiva dependencia europea de Asia y de países como Taiwán, China, Corea o Japón. De hecho, Estados Unidos cree que la producción de chips será otro de los escenarios clave de su particular guerra comercial y estratégica con China, como también lo ha sido la batalla por el 5G. Por eso el Gobierno de Joe Biden ya está ofreciendo incentivos para atraer inversiones y asegurar una alta capacidad de producción con la construcción de fábricas en estados como Arizona o Texas.

En disputa está la primacía tecnológica mundial. Aunque eso es a largo plazo. A corto plazo, el problema lo tenemos ya sobre la mesa, con un mercado informático que no puede servir mucho producto por escasez de suministros y que, por lo tanto, sufre una inflación de los precios y un parón de los proyectos.  

LA PREGUNTA
¿Cuánto cree que durarán los problemas de suministro y abastecimiento?