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Mohammed Makhfi (Palatino): «Un agente montado sobre procesos rotos solo amplifica el caos»



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Mohammed Makhfi fundó Palatino para mejorar la operativa de las pymes con agentes de IA. En esta entrevista explica los beneficios de estos sistemas, pero también los frenos a la inversión en esta tecnología que hay todavía en las pequeñas empresas

Publicado el 20 abr 2026

Juan Cabrera

Director de Channel Partner



Mohammed Makhfi. fundador de Palatino
Mohammed Makhfi. fundador de Palatino

Palatino nació en 2020 como proyecto independiente y se consolidó como firma en septiembre de 2025. Antes de lanzarla formalmente, pasé tres años liderando implantaciones críticas en Oracle —grandes cuentas como Ficosa, Cruz Roja Española y Eni Plenitude— y otros dos en consultoría de negocio con bancos y aseguradoras como Santander, BBVA o Mutua. Son más de 130 proyectos de transformación digital, con ROI demostrado de entre cinco y 10 veces en el primer año.

Palatino es hoy un equipo de tres personas, con cinco clientes activos y una facturación acumulada de 160.000 euros desde su lanzamiento. El objetivo para este año es triplicar la facturación del ejercicio anterior.

Palatino ayuda a pymes en crecimiento a escalar con rapidez, control y seguridad. Lo hacemos diseñando lo que llamamos modelos operativos agénticos: la combinación de IA, procesos y gobernanza que permite a una empresa funcionar con la misma precisión y exigencia que una gran corporación, sin necesidad de tener su estructura ni su presupuesto.

Nuestro punto de partida no es la tecnología, sino el modelo operativo. Antes de implantar nada, auditamos cómo funciona la empresa: dónde están las fricciones, dónde se pierde tiempo, dónde los datos no son fiables. Esa base tiene que ser sólida antes de introducir IA. Un agente montado sobre procesos rotos solo amplifica el caos. Trabajamos en tres ámbitos: inteligencia artificial con gobernanza real, excelencia operativa apoyada en el ERP como eje vertebrador y aplicaciones dedicadas para cubrir funciones críticas que los sistemas estándar no resuelven. Todo integrado con el ecosistema tecnológico que la empresa ya tiene, sin sustituir lo que funciona.

ChatGPT fue el momento en que la IA dejó de ser un concepto de laboratorio y entró en el vocabulario de cualquier directivo. Fue importante, pero era IA reactiva: tú preguntas, ella responde. Los agentes cambian esa ecuación por completo: la IA deja de esperar instrucciones y empieza a ejecutar.

La diferencia es estructural. Antes, la empresa gestionaba workflows; con agentes, la empresa diseña reglas y el sistema las ejecuta de forma autónoma, con trazabilidad y supervisión humana cuando hace falta. Eso no es una mejora incremental sobre ChatGPT. Es un cambio en cómo se decide y cómo se opera.

El impacto va a depender mucho de cómo se adopten, no solo de cuándo. Una pyme que integra agentes sobre un modelo operativo sólido va a multiplicar su capacidad de ejecución sin aumentar su plantilla. Una pyme que los monta sobre procesos desordenados va a amplificar sus problemas.

Lo que sí es cierto es que la ventana de diferenciación competitiva existe ahora. Las pymes que construyan ese modelo operativo en los próximos dos o tres años van a tener una posición difícil de alcanzar para quien llegue después. En ese sentido, el paralelismo con internet es acertado: no por la magnitud del cambio, sino por la irreversibilidad de la adopción.

El criterio no es el departamento, sino el tipo de tarea. Cualquier proceso que combine volumen, repetibilidad y consecuencias graves si se ejecuta mal es candidato prioritario. Operaciones, logística, finanzas y atención al cliente concentran ese perfil, pero no son los únicos.

El ejemplo más transversal que vemos es la gestión de facturas de proveedor: todas las empresas la tienen, genera un volumen alto de trabajo administrativo de bajo valor añadido, y los errores tienen impacto directo en la tesorería y en las relaciones con proveedores y clientes. Es donde más rápido se justifica la inversión y donde más rápido se ve el retorno.

Voy a poner dos casos muy distintos entre sí, que ilustran bien el rango de situaciones en las que trabajamos.

Global Green Europe es una empresa de comercialización de plástico reciclado que gestionaba 400 facturas de proveedor al mes. Un administrativo dedicaba seis horas diarias a revisar remitentes, comprobar condiciones de compra, validar datos fiscales y contrastar la titularidad bancaria de cada proveedor: todo manual, todo dependiente de una persona, todo con riesgo de error en un proceso donde cualquier fallo tiene impacto económico inmediato.

Implantamos un agente autónomo que ejecuta esas validaciones de forma sistemática antes del registro. Ahora cada factura se procesa en menos de un minuto, con el 100% de los controles aplicados de forma consistente y trazable, una reducción del 95% del tiempo dedicado por factura, y más del 75% del trabajo administrativo liberado para tareas que realmente requieren criterio. El administrativo sigue ahí; lo que ha desaparecido es la exposición al error.

El segundo caso, Life Abogados, es un despacho jurídico donde el riesgo no estaba en un proceso roto, sino en uno agotador: la gestión de vencimientos dependía del correo y de que la persona que lo leía estuviera disponible. El sistema nunca había fallado, pero mantenerlo así generaba una presión constante sobre el equipo, especialmente en periodos de vacaciones o baja. Y esa presión tiene un coste real, aunque no aparezca en ningún informe.

Implantamos un agente autónomo que monitoriza el correo en tiempo real, analiza contenido y adjuntos, identifica comunicaciones relevantes, aplica lógica jurídica y de calendario hábil, genera el vencimiento estructurado y lo sincroniza con los calendarios del equipo. El resultado: 100% de cobertura, más del 95% de vencimientos gestionados el mismo día, y una reducción del 90% de la intervención manual. El despacho sigue operando igual; lo que ha desaparecido es el estrés de depender de que todo salga bien porque alguien está pendiente.

Hay dos frenos que me encuentro de forma consistente. El primero es el escepticismo acumulado: muchas pymes han invertido en tecnología que prometía mucho y funcionó poco. El CRM que nadie usó, el ERP que tardó dos años en implantarse y sigue sin cubrir la mitad de los procesos. Ese historial pesa, y es legítimo que pese. 

El segundo es el miedo a que la IA sustituya personas. Mi experiencia en campo es la contraria: donde los agentes funcionan bien, los equipos recuperan tiempo para hacer lo que realmente importa. El despacho de abogados no despidió a nadie; dejó de depender de que una persona recuerde un plazo.

La predisposición a invertir existe, pero es exigente: el decisor de una pyme no quiere escuchar que la IA va a cambiar su empresa. Quiere saber qué proceso concreto va a mejorar, en cuánto tiempo, y cómo se mide. Eso es exactamente lo que nosotros le damos.

El cambio de mentalidad del que se habla suena a algo grande y difuso. En la práctica, lo que yo veo es algo mucho más concreto: la resistencia viene de haber visto antes cómo la tecnología prometía eficiencia y solo añadía complejidad. Ese patrón existe y es un fracaso real del sector, no una fobia irracional al cambio.

Lo que cambia cuando la implantación se hace bien es la experiencia de éxito temprano. Cuando un empleado ve que el agente se encargó de algo que a él le quitaba una hora al día, no necesitas convencerle de nada más. El verdadero obstáculo no es la mentalidad: es la historia de proyectos tecnológicos que no entregaron.

Por eso en Palatino empezamos siempre por el proceso con mayor ROI visible en el menor tiempo posible. No para hacer una demo, sino para construir credibilidad interna. Cuando el equipo tiene una primera experiencia de éxito real, el cambio de mentalidad ocurre solo.

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