La inteligencia artificial ya no es una promesa lejana, sino una presencia cotidiana que los españoles empiezan a comprender y cuestionar. Así lo refleja el segundo Observatorio Anual IAON, impulsado por el Gobierno de Aragón, Microsoft, Ibercaja y Fundación Ibercaja. Y que dibuja un punto de inflexión en la relación entre la sociedad y esta tecnología: más uso, sí, pero también más criterio.
El estudio, basado en más de 1.300 entrevistas realizadas entre febrero y marzo de 2026, confirma un avance claro en la adopción. El porcentaje de personas que nunca han utilizado inteligencia artificial generativa cae con fuerza: del 50% en 2025 al 31,2% este año. La IA deja de ser territorio desconocido para consolidarse como una herramienta habitual, integrada en el día a día. De hecho, casi uno de cada cinco españoles la utiliza a diario y una proporción similar varias veces por semana.
Sin embargo, este crecimiento no se traduce en una confianza ciega. Al contrario: la confianza desciende, pero lo hace como síntoma de madurez. La ciudadanía empieza a ver la IA no como un ente autónomo, sino como una herramienta que debe estar bajo control humano. Solo en ámbitos como la planificación de viajes, donde un 55,5% delegaría decisiones, la confianza es mayoritaria. En cambio, en terrenos sensibles como la salud, la educación o las finanzas, la cautela se impone. De hecho, uno de cada cuatro españoles no delegaría ninguna decisión relevante en sistemas de IA.
También evoluciona la percepción sobre su impacto social. Aunque sigue siendo mayoritaria la idea de que los beneficios de la IA se concentran en quienes tienen más recursos, esta preocupación pierde intensidad: pasa del 68,2% en 2025 al 58,4% en 2026.
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No hay estrategias claras de adopción en pymes y autónomos
El informe incorpora además, por primera vez, la visión de autónomos y pequeñas empresas, una pieza clave del tejido económico español. En este ámbito, el 40% considera que la IA mejora su competitividad, lo que confirma su creciente papel como palanca de eficiencia. No obstante, el avance tiene una asignatura pendiente: la mayoría carece de estrategias claras, protocolos de uso o políticas de gobernanza. La adopción avanza más rápido que su gestión.
Las preocupaciones, por su parte, se mantienen estables, aunque con ligeros cambios. La privacidad y el uso de datos personales encabezan la lista (52,9%), seguidos por el impacto en el empleo y la desigualdad económica (51,2%) y por los riesgos asociados a la desinformación y los deepfakes (49,4%). El temor a la pérdida de empleo se reduce respecto al año anterior, pero sigue presente: más que destruir puestos de trabajo, la ciudadanía empieza a asumir que la IA los transformará.
Brecha de edad y estudios
En paralelo, la competencia digital mejora. Un 38,5% de la población se considera usuario intermedio y un 10,2% avanzado, mientras que quienes no tienen conocimientos se reducen al 16,7%. Aun así, la brecha generacional persiste con claridad: casi la mitad de los mayores de 59 años no ha utilizado nunca IA generativa. El nivel educativo, una vez más, marca la diferencia tanto en el uso como en la confianza.
En conjunto, el Observatorio IAON dibuja una sociedad que avanza hacia una relación más compleja con la inteligencia artificial: menos fascinada, pero más consciente; menos ingenua, pero mejor preparada. Una tecnología que ya forma parte del presente, pero cuyo impacto sigue en construcción.





