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La IA está lista. Pero ¿y nosotros?



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«Las empresas que ya están integrando la IA seguirán mejorando cada mes y las que no, avanzarán más lento. Y, en algún punto, esa distancia dejará de ser recuperable», dice el autor

Publicado el 1 sept 2026

Víctor Maymó

Regional sales manager en España de Automaise



Víctor Maymó, regional sales manager en España de Automaise
Víctor Maymó, regional sales manager en España de Automaise

Ahora ya no hablamos de qué puede hacer la tecnología, o cómo será nuestras vidas con ella, sino que la aplicamos en nuestro día a día, desde cómo consumimos nuestro entretenimiento hasta cómo “no entendemos” la vida sin la misma. La realidad es que algo ha cambiado y ahora cuando hablamos de algunas tecnologías como la IA, lo hacemos desde una visión más tranquila que hace un par de años. Pero ¿quiere decir esto que la usamos de forma correcta?

Lo que podemos saber a ciencia cierta es que tenemos todas las herramientas y los sistemas son cada vez más sencillos de usar, pero siguen resonando esas voces de “no sabemos qué hacer, no tenemos recursos”. Si el avance tecnológico está diseñado para hacer la vida más sencilla, ¿estamos preparados para tener una mayor eficacia gracias a la IA? La realidad es que la inteligencia artificial ya está aquí, funciona y es accesible, y que la limitación está más en la incapacidad de muchas organizaciones para integrarla en su forma de operar.

Esto es algo que podemos comprobar con distintos estudios que afirman que la IA está integrada en más de un 80% en las empresas, sin embargo, la transformación corporativa no es real. Es decir, muchas compañías cuentan con IA, pero un porcentaje muy bajo han cambiado su funcionamiento real. Y eso tiene una explicación clara, seguimos tratando la IA como una herramienta más, cuando en realidad exige algo mucho más incómodo como son el replanteamiento de procesos, estructuras y decisiones.

En el ámbito del customer service, esto es especialmente visible. Chatbots, automatización de tickets, asistentes internos…todo eso existe. El problema es que, en la mayoría de los casos, convive con procesos diseñados para otro mundo. Como resultado, se crea una especie de “capa de IA” encima de sistemas que nunca fueron pensados para ella. El resultado no es transformación, es fricción. Esto provoca que los mismos problemas de siempre sigan existiendo: experiencias fragmentadas, baja personalización, ineficiencias operativas.

Es evidente que parte del bloqueo viene desde una visión cultural. Pero otra parte es directamente falta de valentía ejecutiva. En demasiadas organizaciones, la conversación sigue girando en torno a justificar el ROI antes de actuar. El problema es que la IA no encaja bien en los modelos tradicionales de medición. Genera valor, sí, y de hecho es bastante visible en términos de eficiencia y experiencia, pero no siempre en los formatos que estamos acostumbrados a evaluar.

Mientras tanto, otras empresas han entendido que, en este contexto, esperar a tener certeza absoluta es quedarse fuera. Están desplegando, aprendiendo y ajustando en tiempo real. No porque tengan más información, sino porque han asumido que la única forma de avanzar es avanzar. Esa diferencia de enfoque, que hoy puede parecer menor, es exactamente la que va a definir quién lidera y quién se queda atrás.

Y también está apareciendo una brecha que va más allá de las organizaciones entre quienes están incorporando la IA a su forma de trabajar y quienes siguen observando desde la distancia. No es una cuestión de conocimientos técnicos sino de una cuestión de mentalidad, de curiosidad y de disposición a equivocarse.

No estamos ante una disrupción repentina, sino ante algo mucho más difícil de detectar y, por tanto, a una ventaja que se construye de forma incremental. Las empresas que ya están integrando la IA seguirán mejorando cada mes y las que no, avanzarán más lento. Y, en algún punto, esa distancia dejará de ser recuperable.

La IA está lista. La pregunta es si las empresas españolas lo están.

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