Opinión

Trabajando para que no se rompan las líneas de pago

La crisis sanitaria ocasionada por la propagación del coronavirus está siendo mucho más profunda de lo esperado. Y la crisis económica que se avista en el horizonte también parece que tendrá proporciones nunca vistas, aunque los expertos confían en que dé lugar a una caída con rebote en el corto o medio plazo. Y que no se eternice como la anterior crisis financiera de 2008, que duró más de un lustro.

En cualquier caso, los fabricantes de tecnología no han perdido el tiempo y desde finales de marzo y durante el mes de abril han ido anunciando programas multimillonarios para inyectar financiación en el canal y en los clientes. Todos luchan para mantener la liquidez de las compañías que van a comprarles sus productos, y también las de los revendedores que deben prescribirlos e instalarlos.

Además, para preservar la salud financiera de clientes y socios e impedir que se rompa el flujo monetario, las primeras marcas del mercado están retrasando plazos de pago (casi siempre llevando a 90 días el primer desembolso o incluso a los 180 días en algunos casos) o están permitiendo posponer a 2021 el abono de la mayor parte de los productos adquiridos.

"Hay que extremar la precaución para evitar que el flujo monetario se rompa y que aparezcan los temibles impagos"

El objetivo es mantener el negocio vivo y, sobre todo, evitar impagos y una morosidad inesperada. Adicionalmente, los fabricantes están favoreciendo al canal con adelantos en los pagos de fondos de marketing, la ampliación de los plazos de renovación de certificaciones o la puesta en marcha de programas de renting, entre otras muchas cosas.

Respuesta más rápida y contundente que en 2008

Parece que hemos aprendido la lección que nos dejó la crisis financiera de las hipotecas subprime. En aquel momento, la inacción, casi siempre de Europa, llevó a la debacle a las economías y a las empresas, sobre todo del sur del continente. En esta ocasión parece que la respuesta supranacional y a nivel de gobiernos está siendo más rápida y contundente, a pesar de los desacuerdos entre países. Y a nivel empresarial, también se ven movimientos claros.

Dentro de lo que cabe, el sector tecnológico no se ha visto paralizado, como sí le ha ocurrido a la hostelería, el turismo o el transporte. Al revés, en los primeros compases de la crisis, las ventas de ciertos productos, sobre todo las que permiten el teletrabajo, se han disparado. Y, paradójicamente, el problema que se están encontrando los partners de canal, desde el mayorista a la última tienda, es que no hay stock y que en muchos casos no se puede servir producto.  

Pero no conviene bajar la guardia. Como decía un mayorista estos días, las vacas flacas también llegarán a esta industria porque sus clientes lo están pasando mal. Además, hay que extremar la precaución para evitar que el flujo monetario se rompa, o que se eleven desmesuradamente los seguros y que aparezcan los temibles impagos. Por el momento, parece que los fabricantes están poniendo mucho de su parte para no llegar a este escenario.

LA PREGUNTA
¿Va a haber roturas de stock en el canal en la recta final de 2020?