Luis Pardo, CEO de Sage: “En general los políticos no entienden lo que nos jugamos”

El directivo acaba de publicar ‘Viaje al centro del humanismo digital’, un libro donde reflexiona sobre los cambios que la digitalización está produciendo en las empresas, en la economía y sobre todo en las personas. En esta entrevista habla de las oportunidades de la tecnología, pero también de los problemas a los que nos enfrenta

Publicado el 30 Jul 2019

Portada del libro de Luis Pardo. Pardo, en un momento de la entrevista.

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Luis Pardo es el CEO de Sage en España. Desde 2014 está a cargo de una filial con más de 1.000 empleados y que factura anualmente casi 150 millones de euros. Pardo está en los consejos de administración, pero también está la calle. Se lo exige su trabajo: vender software a cientos de miles de autónomos y pymes que forman el tejido empresarial de este país. Pero además tiene tiempo para dar clases y conferencias, y para mantener una familia numerosa. E incluso saca energías y argumentos para escribir libros.

El último que acaba de publicar (‘Viaje al centro del humanismo digital’, editorial Verssus), es una reflexión sobre el papel de las personas en un mundo empresarial y en una sociedad que viven un acelerado cambio propiciado por la digitalización. Pero no es una reflexión teórica, sino en la que se da voz a sus protagonistas reales. Un cocinero, un profesor de instituto, un jubilado, un arquitecto, un emprendedor o una estudiante de postgrado, entre otros, sirven a Pardo para aterrizar la Transformación Digital con mayúsculas y demostrar que la gente corriente será la gran protagonista de la revolución en la que ya nos estamos inmersos. Sin su concurso, sencillamente no será posible. Pardo comparte en esta entrevista un “ciberentusiasmo” que no renuncia a la crítica.

Parece raro. Un CEO del mundo de la tecnología en España escribiendo libros sobre digitalización, pero con reflexiones de carácter general y con citas por aquí y por allá de películas y literatura. ¿Por qué?

A mí lo que me parece raro es que no haya más directivos que escriban libros, porque el libro es regalar know-how, experiencias y conocimientos. ¿Cuántas cosas se quedan en las conversaciones? Yo aprendo cada día de las personas, de las empresas, de los errores propios, de los éxitos. Dejar eso plasmado en un libro y compartirlo con la sociedad y con muchas personas que no conoces es una contribución que muchos CEO deben plantearse. Esta es mi contribución para que todos mejoremos.

“Me parece raro es que no haya más directivos que escriban libros”

¿Qué es el humanismo digital del que habla en el libro? ¿Por qué esa necesidad de reivindicar a la persona? ¿Estamos construyendo un mundo donde la gente de carne y hueso hemos pasado a un segundo plano ante el poder de las multinacionales o los algoritmos?

Las personas siempre deben estar en el centro de las decisiones importantes. Estamos en medio de una ola de opinión que considera que los humanos estamos controlados por la tecnología y no al revés. También estamos en una ola que habla de todos los riesgos y amenazas que puede traer la digitalización, en vez de centrarnos en todas las cosas buenas y las oportunidades que nos harán mejores. Cuando llegó la Revolución Industrial, muchos pensaron que la máquina de vapor y la vaporización iban a tomar control de la sociedad, que iban a destrozar el mundo de la artesanía.

Aparecieron los luditas, que destrozaban en el siglo XIX los telares y las máquinas porque pensaban que iba a pasar todo lo contrario de lo que finalmente ha ocurrido, que ha sido la producción de prendas para muchas personas, pero también progreso, empleo o riqueza. Algo parecido está pasando ahora. Se piensa que los algoritmos van a tomar las decisiones más importantes, que nos estamos deshumanizando, y no va a ser así. Cualquier cambio que hemos tenido en los últimos siglos ha terminado siempre en progreso, no sólo económico, sino social.

Su libro precisamente reivindica a las personas corrientes y es muy coral. Nos habla de la transformación digital y de los beneficios y problemas que han tenido con ella muchas personas con las que fácilmente se va a identificar el lector: un cocinero, un profesor de matemáticas, un emprendedor, un jubilado, una arquitecta, una estudiante de posgrado…

Nuestra realidad en España es que el 99,8% de las empresas son pymes, son autónomos y pequeñas empresas. Ellos crean el 66% de la economía del país. Esos profesionales son esas personas que están en este libro. Hay que vivir la realidad del arquitecto, del ama de casa, del juzgado, la realidad del profesional que trabaja en una mediana empresa. Son personas de carne y hueso y son las que va a mover al país a un futuro mejor.

“El presente es algorítmico. El 20% de la economía del mundo es digital hoy en día”

En un momento del libro dice que “el mundo digital aspira a la configuración de una sociedad construida sobre la figura del ciudadano inteligente”, pero al mismo tiempo habla de problemas graves como la “infoxicación”, de esa intoxicación informativa que nos afecta a todos en Internet. ¿Cómo se conjugan ambas cosas?

Hay dos claves: los límites y el filtro. El tráfico de datos en un día hoy se cifra en exabytes, es decir, cantidades ingentes de información. El 90% de los datos de toda la historia de la Humanidad se ha creado en los dos últimos años. Y eso hay que asimilarlo. Es una absoluta “infoxicación” que puede abrumar a las personas y a las empresas. Ante eso hay que poner límite y filtro. El límite es el del tiempo que dedicamos a la información y las redes sociales.

Y hay que ordenar también la desconexión. El 24×7 está muy bien para los negocios, pero no está pensado para el ser humano. Y luego está el filtro. Tenemos herramientas tecnológicas que nos permiten filtrar la información que nos es útil. De otra manera, la vorágine nos llevará a perder el tiempo y el rumbo, y a no dedicarnos a lo importante: a conversar, como estamos haciendo ahora, o a negociar.

“El 24×7 está muy bien para los negocios, pero no está pensado para el ser humano”

¿Cómo se ponen empresas, trabajadores, gobiernos y sociedad en general a la altura de unos tiempos donde se han acelerado tremendamente los procesos y evitan el que, en su opinión, es el gran mal de nuestro tiempo, quedarnos desfasados, no seguir el ritmo del cambio digital y pasar a ser zombis? Usted, de hecho, se inventa una palabra, “zombieness”, para esos negocios que andan a la deriva porque han perdido el paso.

El sentido de urgencia es vital. En mi libro no hablo del futuro, sino del presente. Y el presente es algorítmico. El 20% de la economía del mundo es digital hoy en día. Las empresas y los gobiernos no pueden dar la espalda al cambio y tienen que actuar. No hay que hacerlo todo a la vez, pero no puedes quedarte pensando que te va a llegar la pócima. Los gobiernos tienen que ser muy sensibles a la innovación en todos los sectores: el industrial, los servicios, la agricultura, la construcción… Además, tienen que ser muy sensibles a la educación de los jóvenes. Y en un país como España, con una pirámide invertida demográfica, el talento de las empresas debe reciclarse.

Pardo, en un momento de la entrevista.
Pardo, en un momento de la entrevista.

Precisamente, en esos ámbitos de la innovación y la educación digital, ¿cómo estamos en España si nos comparamos con los países punteros?

En Europa tenemos el índice de digitalización DESI (Índice de Economía y Sociedad Digital). Pues bien, de los 28 países de la UE, estamos en el décimo puesto. No está mal. Pero hay luces y sombras. España invierte en I+D+i el 1,2% del PIB, mientras que nuestros vecinos europeos están por encima del 2%. Y un punto de PIB es mucha inversión que da competitividad a un país. Además, en nuestro caso, esta aguja no se ha movido en una década. Nuestros políticos y el Gobierno deben tener en cuenta en la digitalización, una digitalización que además debe calar, por ósmosis, en la pequeña y mediana empresa.

Ahí nos jugamos la competitividad futura. Hoy somos la economía número 13 del mundo. En los próximos 20 años nos vamos a jugar como país seguir en el top20, seguir en el top50 e incluso estar fuera del top50. Es así de fuerte. En Estados Unidos, el 30% de la economía es digital. En China, sus grandes compañías tienen un alto componente tecnológico. Y están India, Rusia y otras potencias que están emergiendo en este campo.

“En los próximos 20 años nos vamos a jugar como país seguir en el top20, seguir en el top50 e incluso estar fuera del top50”

¿Cuál es la tecnología que más radicalmente ha cambiado el mundo en los últimos 10 o 15 años, y cuál es la que más va a cambiar las cosas en el corto o medio plazo a partir de ahora?

La tecnología que lo ha cambiado todo es la informática que apareció a mediados del siglo XX. Y luego la gran revolución ha sido el cloud computing. Internet ha sido cloud desde el principio. Y lo que cambiará todo a partir de ahora es la inteligencia artificial, junto al bigdata. Eso lo cambiará todo en la sanidad, en la educación, en el mundo empresarial, en las finanzas… Además, tenemos tecnologías que van a suponer o están suponiendo un punto de inflexión, como blockchain, social media, la supercomputación o la realidad virtual.

Usted es un “ciberentusiasta” en líneas generales, un optimista del progreso inducido por la tecnología, aunque avisa de algunos problemas. ¿Cuáles son los retos que nos están plantean las tecnologías y que pueden impedir esa sociedad feliz tecnológica a medio o largo plazo?

El mayor problema de la tecnología es la ciberdelincuencia. Es una amenaza que nos afecta a todos: estados, compañías y personas. Se dice que las guerras hoy en día son sobre todo digitales. En el campo de la comunicación vemos los problemas con las fake news. La ciberdelincuencia hoy factura más que las drogas o las armas. La facturación potencial de esta industria, que intenta desestabilizar empresas y países, es de más de 500.000 millones de euros. Todo lo bueno del mundo físico puede acabar en el mundo digital, pero también lo malo. Hay que tomar medidas, aunque no valen las tradicionales.

“En España, con una pirámide invertida demográfica, el talento de las empresas debe reciclarse”

Usted dice que el desarrollo tecnológico de un país y sus empresas depende en gran parte de que los políticos abonen el terreno para que así sea. Y pone el ejemplo del Silicon Valley. ¿Cómo ve en este aspecto a los políticos españoles? ¿No cree, como dicen algunos, que con un poco de astucia y cariño podríamos convertirnos en el Silicon Valley de Europa y que se está desaprovechando la oportunidad?

Vamos por partes. En general a los políticos españoles los veo lejos de entender lo que nos estamos jugando con la inversión en I+D+i. Repito: nuestra inversión no se ha movido del 1% en la última década. También están lejos porque hasta hace poco no había ministerios que tuvieran la denominación de digital. Y eso ha pasado cuando va ya muy avanzado el siglo XXI. Son datos, y no opiniones, que demuestran que estamos lejos.

“El mayor problema de la tecnología es la ciberdelincuencia. Es una amenaza que nos afecta a todos”

Pero en la sociedad, en las patronales, entre los propios políticos y en los ciudadanos, hay voces que hablan de la importancia de llevar la revolución digital a todos los sectores. Si lo conseguimos, el cambio puede ser muy potente. Por ejemplo, hoy la tecnología tiene medios para luchar contra el fraude fiscal a través de la certificación del software, y eso aflora más riqueza para el país, y más igualdad. Porque no puede ser que muchas compañías paguen sus impuestos religiosamente, para que luego haya otros que se pasen esto por el forro. Pero lo bueno es que la tecnología existente permite que eso no suceda. Hay que tener el coraje político y el conocimiento para sacar adelante la digitalización y acabar con la economía sumergida o derivas de algunas empresas que no deberían haber tomado.

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Juan Cabrera
Juan Cabrera

Juan Cabrera tiene más de 20 años de especialización en el sector tecnológico y sobre todo en el canal de distribución. También ha colaborado con otros medios y promociona siempre que puede la buena literatura, la música y la vida saludable.

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