Opinión

La transformación digital va de gente y de procesos

La transformación digital consiste en crear valor para reunir personas, procesos y datos. Afecta a la operación de sus procesos, dado su enfoque más centrado en el cliente, y en muchos casos transforma profundamente la gestión de la empresa (el derecho al fracaso, la autonomía, la autoorganización, la iniciativa, el principio de subsidiariedad, la delegación), lo que a veces se llama "agilidad".

La transformación digital afecta muy directamente a la construcción de las aplicaciones al dirigirse principalmente a los usuarios y a su experiencia. Se empieza a utilizar una metodología iterativa para producir pequeños incrementos de valor y frecuencia en la entrega de software para mantenerse lo más cerca posible de los requisitos de los usuarios y ofrecer más valor. Las metodologías de "cascada", con sus períodos de estudio, desarrollo, prueba y producción, ya no pueden ajustarse a un plazo de dos semanas que es lo que realmente demandan los usuarios finales.

La organización de los equipos también ha evolucionado: desde grandes equipos de desarrollo en línea a la reagrupación en "equipos de fabricación” orientados a un producto más restrictivos y especializados. El paradigma de desarrollo de productos de transformación digital impone el envío de software con tanta frecuencia que la infraestructura subyacente también debe ser ágil, lo que supone una auténtica disrupción. Por tanto, la integración continua, las pruebas continuas y la implementación continua son ahora temas obligatorios en la transformación digital de TI. La automatización y la orquestación pasan ahora a ser obligatorias, a veces ocultas bajo los conceptos de "infraestructura como código" y "software definido".

La automatización de la infraestructura que soporta la transformación digital obliga a tener en cuenta los nuevos patrones de arquitectura, el uso de servicios en la nube, más de un lenguaje de desarrollo, metodología de prueba, microservicios, contenedores o gestión de API. Aquí es donde un repositorio robusto se convierte en clave, ya que el IPAM es la versión única de la verdad que contiene "registros dorados" de información relacionada con recursos de IP, como direcciones y nombres. La capacidad de consultar y controlar IPAM durante un proceso ágil, a través de la API y los conectores a las herramientas principales del ecosistema, es perentoria para permitir la entrega rápida de componentes de infraestructura (por ejemplo, redes, servidores).

Y para permitir estos nuevos patrones de infraestructura, el DNS entra en juego. Requiere actualizaciones frecuentes y rápidas, en coordinación con el repositorio de IPAM, para exponer todos los componentes, desde los microservicios hasta el punto final, que se utilizarán en el navegador del usuario. El DDI es absolutamente necesario para la transformación digital. Contar con soluciones integradas y automatizadas evita muchos errores y ofrece una mayor visibilidad del tráfico de red a tiempo real.

En definitiva, quienes si están bajo la presión de una entrega rápida son los directores de TI y CIO que deben facilitar la transformación digital sin interrumpir el negocio. Que funcione una fábrica digital requiere automatización y despliegue continuo, siendo la gestión de la información IP la clave de todo el ecosistema de aplicaciones es clave. Aquí es donde DDI se convierten en habilitador. Tener una solución DDI integrada y automatizada en la infraestructura IT garantiza el acceso a una visión consolidada de todas las herramientas del ecosistema IP, un elemento clave de la transformación digital.

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