El anuncio realizado por el presidente del Gobierno para prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años, ha levantado una importante polvareda por las posibles consecuencias de una medida dirigida a proteger a los menores de los riesgos que conlleva Internet. Si sale adelante la enmienda propuesta, los menores de esa edad no podrán abrirse cuentas ni siquiera con la autorización de sus padres, como ocurría hasta ahora.
Otro países que han anunciado medidas similares son Reino Unido, Portugal, Francia o Dinamarca, que todavía se encuentran en fase de tramitación, mientras que Australia ya se ha aprobado la ley de prohibición que entró en vigor el pasado 10 de diciembre.
Antes de llegar a los diez años, una gran parte de los niños en España ya está inmersa en el mundo digital. Un 42% se conecta a internet antes de los ocho años y cerca del 70% de los menores de 15 dispone de su propio teléfono inteligente. A los doce, más de dos tercios navegan a diario y, a los quince, prácticamente todos (96%) están constantemente conectados.
Esto dibuja un panorama de infancia hiperconectada: más del 80% de los menores pasa al menos una hora diaria frente a pantallas y casi un 20% supera las cinco horas los fines de semana, una exposición que ya está teniendo consecuencias. De hecho, el 53,3% reconoce sentir estrés o ansiedad cuando se le restringe el uso del móvil.
Familias y docentes coinciden en que el uso intensivo de redes sociales no es inocuo para el desarrollo infantil. “Los datos respaldan lo que observamos en el día a día: los menores acceden demasiado pronto a espacios para los que no están emocionalmente preparados. No es solo una cuestión de tiempo frente a la pantalla, sino de cómo y con qué finalidad se usa la tecnología”, afirma Jorge Álvarez, CEO de SaveFamily.
Impacto negativo
Esta sobreexposición se asocia con problemas de concentración, mayor irritabilidad y menor tolerancia a la frustración. En el ámbito educativo, casi el 38% de las familias percibe un deterioro en el rendimiento académico vinculado al uso de móviles y redes sociales.
“Cuando el teléfono y las redes sociales intervienen, la atención se dispersa y el aprendizaje se ve afectado. El problema no es la tecnología en sí misma, sino la ausencia de límites claros, la falta de educación digital y una introducción poco gradual y poco adaptada a la edad”, subraya Álvarez.
La conclusión de los especialistas es contundente: el acceso temprano y sin control a las redes sociales entraña riesgos reales para el bienestar de los menores. Por ello, además de regular, es imprescindible educar. Los expertos abogan por un enfoque progresivo y por el uso de herramientas tecnológicas adecuadas a cada etapa, dotando a los niños y adolescentes de criterio y habilidades para que, llegado el momento, puedan utilizar la tecnología sin quedar a merced de ella.







