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Sergi Simón (consultor): «Estamos automatizando muy rápido, pero todavía no hemos decidido bien qué no deberíamos automatizar”



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Sergi Simón, asesor académico en EALDE Business School, asegura que los profesionales que mejor lo van a tener son los que integren conocimiento técnico con criterio humano, contexto y capacidad de decisión

Publicado el 11 feb 2026



Sergi Simón, consultor
Sergi Simón, consultor

La automatización y la inteligencia artificial avanzan a gran velocidad y ya están redefiniendo el mercado laboral, pero el verdadero reto no es tanto tecnológico como estratégico. Así lo defiende Sergi Simón, asesor académico en EALDE Business School, que advierte de una paradoja cada vez más visible: “estamos automatizando muy rápido, pero todavía no hemos decidido bien qué no deberíamos automatizar”.

Desde su experiencia como consultor en gestión de riesgos y sostenibilidad y docente en formación directiva, Simón señala que el debate público suele cometer un error de base: confundir profesiones con habilidades. A su juicio, los empleos que más crecerán en los próximos años no serán necesariamente los más tecnológicos, sino aquellos que sepan integrar conocimiento técnico con criterio humano, contexto y capacidad de decisión. “Las profesiones que más van a crecer en 2026 serán las más híbridas”, resume.

Los datos respaldan esta visión. Según el ‘Future of Jobs Report 2025’ del World Economic Forum, de aquí a 2030 la creación y transformación de empleo afectará al 22% de los puestos actuales. Se prevé la aparición de unos 170 millones de nuevos roles y la desaparición de 92 millones, lo que deja un saldo positivo. Para Simón, esto no apunta a un colapso del empleo, sino a una reconfiguración profunda. El cambio no se producirá tanto en los puestos como en las tareas que los componen.

Hoy, cerca de la mitad de las tareas siguen siendo realizadas principalmente por personas, mientras que la tecnología domina en torno a una quinta parte y el resto se ejecuta de forma combinada. De cara a 2030, el equilibrio será mucho mayor. En este contexto, crecerá la necesidad de perfiles capaces de rediseñar procesos, supervisar automatizaciones y decidir en qué ámbitos la máquina debe apoyar y en cuáles no debe sustituir el criterio humano.

Las áreas con más demanda de profesionales

Aunque la demanda de especialistas en datos, inteligencia artificial o ciberseguridad continuará al alza, el mayor crecimiento en volumen se dará en sectores esenciales como la agricultura, la logística, la construcción, la educación o la economía de los cuidados. Este fenómeno se verá reforzado por un factor demográfico: el envejecimiento de la población y la reducción de personas en edad de trabajar en los países desarrollados, que incrementará la necesidad de servicios donde la presencia, la confianza y el juicio humano siguen siendo imprescindibles.

En paralelo, las habilidades más demandadas también están cambiando. Más allá del aprendizaje técnico, el pensamiento analítico se mantiene como la competencia más valorada por las empresas. De hecho, muchas organizaciones reconocen que su principal obstáculo para adaptarse a la digitalización no es la tecnología, sino la falta de talento preparado. “La conclusión no es ‘aprende IA’, sino aprende a pensar mejor rodeado de IA”, subraya Simón.

Otro riesgo creciente, añade, es automatizar decisiones que requieren explicación y responsabilidad. La regulación europea ya pone el foco en este aspecto, especialmente en ámbitos sensibles como la selección de personal o la sanidad. Automatizar sin definir antes qué valores se protegen —derechos, equidad o seguridad— puede convertirse en un problema estratégico.

En este escenario, el perfil profesional más valioso será el que se mueva con soltura entre la tecnología, el negocio y el criterio humano. No se trata de que todos programen, sino de que comprendan los datos, sus límites y sus implicaciones éticas. “La mejor estrategia profesional no es ser el más tecnológico, sino el más útil en decisiones complejas con tecnología alrededor”, concluye. La clave, insiste, pasa por automatizar lo repetible, acompañar lo ambiguo y reservar para las personas aquello que resulta crítico o irreversible.

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