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Minimalismo tecnológico: la nueva hoja de ruta para digitalizar las finanzas corporativas



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Esta artículo aborda cómo la digitalización sigue siendo prioritaria para las empresas, y cómo los directores financieros están cambiando de prioridades: ahora quieren menos herramientas tech, pero más integradas

Publicado el 25 feb 2026

Laura Gámiz

Directora de Payhawk en España



Laura Gámiz, directora de Payhawk en España
Laura Gámiz, directora de Payhawk en España

Estamos viviendo en una era marcada por la transformación digital. Organizaciones de todos los sectores buscan modernizar sus operaciones a través de la tecnología para ganar eficiencia, competitividad y resiliencia. Según el informe de KPMG ‘Perspectivas España 2025’, durante el último año, la digitalización ha sido una prioridad estratégica para el 38% de las empresas españolas y el 69% la ha situado entre sus áreas prioritarias de inversión.

Los departamentos financieros no son una excepción. Nuestro último estudio, ‘Cómo los CFO están abordando la brecha tecnológica actual’, refleja que, de media, una empresa de tamaño medio o grande invierte 150.000 euros anuales en herramientas para la función financiera y se espera que esta cifra aumente un 18% en los próximos cinco años, hasta rozar los 177.000 euros.

En este contexto, muchos directores financieros se ven presionados para adoptar la última plataforma de inteligencia artificial o herramientas especializadas para cada proceso. Sin embargo, lo más interesante es que, al contrario de lo que se podría intuir, las empresas no están optando por incorporar un mayor volumen de tecnologías, sino que la tendencia se dirige hacia lo que podríamos denominar “minimalismo tecnológico”. Así, los CFO más innovadores están apostando por implementar un menor número de soluciones, pero más completas e integradas.

¿Por qué sucede esto?

Tradicionalmente se ha asumido que cuanto mayor era la infraestructura tecnológica de una empresa, más sofisticados serían sus procesos. La realidad ha demostrado que no siempre es así. En muchas ocasiones, una mayor complejidad no se traduce en optimización, sino en brechas de seguridad e ineficiencias que crean cuellos de botella.

Los datos lo confirman. Solo el 35% de los CFO considera que su tecnología actual responde a sus necesidades y puede acompañar su crecimiento y apenas un 1% afirma no haber tenido problemas con su ecosistema tecnológico. Entre las principales dificultades destacan la visibilidad limitada (51%), la información deficiente (44%), los retrasos (42%) y los datos inexactos (37%).

Fragmentación, fricciones y riesgos

De hecho, buena parte de esos problemas —visibilidad reducida, información deficiente o datos inexactos— tienen un origen común: la existencia de múltiples herramientas que no se comunican entre sí. La consecuencia directa es la fragmentación de los datos y la consecuente dificultad para obtener una visión fiable sobre el estado del negocio que facilite la toma de decisiones estratégicas basándose en información actualizada y de calidad.

Otro efecto directo de esta acumulación de soluciones desconectadas son las fricciones en los flujos de trabajo. En consecuencia, los equipos financieros terminan siendo los responsables de integrar la información proveniente de diferentes sistemas, en lugar de dedicarse a ofrecer un asesoramiento estratégico. Además, cada nueva solución añade un riesgo adicional para la seguridad. Un ecosistema tecnológico en expansión multiplica los puntos ciegos, y, con ello, las vulnerabilidades difíciles de detectar y supervisar.

El valor de un ecosistema tecnológico integrado

Por ello, cada vez más directores financieros apuestan por un enfoque distinto. Menos herramientas, pero más completas y mejor conectadas. Actualmente, las organizaciones más sofisticadas a nivel financiero no son las que acumulan más soluciones, sino aquellas que operan en un entorno plenamente integrado. Cuando la gestión de gastos, la contabilidad y las herramientas de análisis comparten datos sin fricciones, se sientan las bases para una inteligencia financiera real.

Un buen punto de partida para avanzar en esta dirección es calcular el coste unitario de cada gestión financiera. Saber cuánto cuesta realmente procesar una factura, un reembolso o un pago ofrece una medida mucho más precisa de la eficiencia tecnológica. Muchas compañías se sorprenden al descubrir que operaciones aparentemente simples, como la gestión de un reembolso de gastos, pueden superar los 100 euros por transacción si se suman los costes de software y el tiempo de trabajo asociado.

En la misma línea, es recomendable auditar de forma rigurosa la infraestructura tecnológica actual. Si se utilizan menos de la mitad de las capacidades de una herramienta, probablemente su mantenimiento no esté justificado. Y, una vez hecho esto, mapear los procesos financieros de principio a fin para detectar ineficiencias y adoptar soluciones completas, robustas y bien conectadas.

Los líderes financieros que marcarán la diferencia en esta nueva era no serán quienes acumulen el conjunto tecnológico más impresionante, sino los que logren hacer más con menos. Aquellos que están construyendo funciones financieras que priorizan la simplicidad y la integración y que liberan a sus equipos de tareas manuales para centrarlos en el análisis y en la toma de decisiones. En un mundo obsesionado con más, menos podría ser la estrategia más eficaz.

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