La inteligencia artificial (IA) de entrada parece que no va a reducir la brecha de género que se profundiza en el sector tecnológico. Y es que a medida que aumenta la adopción y democratización de las herramientas de IA, se observa que las mujeres utilizan estas herramientas en una proporción significativamente menor que los hombres.
Según un estudio de la firma Confluent, las mujeres están adoptando la IA generativa en tasas aproximadamente un 25 % inferiores a las de los hombres, incluso cuando tienen el mismo acceso. La pregunta es: ¿por qué?
Los datos revelan que la diferencia no radica en la capacidad técnica. Cuando se les preguntó por las razones de esa reticencia, muchas mujeres señalaron la preocupación por cómo podría percibirse el uso de la IA: si recurrir a contenido generado por estas herramientas podría parecer poco profesional o si sus compañeros pensarían que estaban “tomando atajos”.
“Esto refleja experiencias que muchas de nosotras podemos reconocer: la presión de estar siempre completamente preparadas, de revisar el trabajo una y otra vez y de evitar errores que puedan reforzar prejuicios”, asegura Radhika Kapur, Vicepresidenta de área del grupo de partners y tecnología en la región EMEA de Confluent.
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Mayor desigualdad de género en la IA
La IA ya está demostrando beneficios tangibles en términos de productividad. Si las mujeres adoptan estas herramientas más tarde o con menor frecuencia, se produce un efecto acumulativo: menor volumen de trabajo, menos tiempo para tareas estratégicas y menos oportunidades de visibilidad.
Esta brecha también tiene implicaciones para la propia tecnología. Los modelos de lenguaje de gran tamaño aprenden a partir de las interacciones de los usuarios. Si la mayoría de esas interacciones provienen de hombres, es probable que los sistemas acaben reflejando datos y supuestos dominados por perspectivas masculinas. Ya se ha observado cómo ocurre algo similar en otros sistemas algorítmicos -desde los procesos de contratación hasta la concesión de crédito-, y sería ingenuo pensar que la IA estará al margen de este fenómeno.
Existe la idea equivocada de que la IA es más útil para trabajos altamente técnicos. Sin embargo, su impacto más inmediato se da en la carga administrativa y mental que está presente en todas las profesiones, ámbitos en los que las investigaciones muestran que las mujeres suelen asumir una carga desproporcionada.
«A la petición que se hizo a ChatGPT de generar una imagen de un científico de datos el programa generó 100 imágenes que mostraban rasgos estereotípicamente masculinos»
Por ejemplo, distintos estudios han puesto en relieve el llamado “trabajo doméstico organizativo” que muchas mujeres suelen asumir con frecuencia, como coordinar equipos, facilitar la comunicación o mantener el conocimiento institucional. Precisamente ahí es donde la IA puede marcar la diferencia. Puede resumir reuniones, analizar documentos complejos, redactar comunicaciones, detectar el clima del equipo y sintetizar información que, de otro modo, llevaría horas procesar.
Cuando esa carga se reduce, las mujeres disponen de más tiempo para dedicarse a las tareas que realmente impulsan sus carreras, como la toma de decisiones, la resolución de problemas, el pensamiento estratégico y el liderazgo.
Sesgos claramente masculinos
Hace poco, Women in Data llevó a cabo un experimento sencillo pero muy interesante. Pidieron a ChatGPT, mediante prompts en inglés, que “generara una imagen de un científico/a de datos” (en inglés, data scientist es sustantivo neutro). Las 100 imágenes obtenidas mostraban rasgos estereotípicamente masculinos. Lo mismo ocurrió en los 100 casos al solicitar “ingeniero/a de datos” (en inglés, data engineer es sustantivo neutro), y en 93 de 100 cuando la petición fue “analista de datos”.
“La buena noticia es que las normas sobre el uso de la IA aún se están definiendo. Creo que estamos en un momento clave, con una oportunidad real de corregir el rumbo y orientar la narrativa hacia la inclusión, en lugar de perpetuar la exclusión”, concluye Kapur.






