Durante décadas, la tecnología y la ciberseguridad han sido territorios vinculados, casi siempre, al género masculino. Aunque en los últimos años se han producido avances notables, la igualdad sigue siendo una meta lejana. Según el informe Mujeres e Innovación 2024, solo el 38,9% de las spin‑offs creadas por personal universitario cuentan con mujeres en los equipos promotores, y en las empresas de base tecnológica su presencia apenas alcanza el 35,7%, una cifra que evidencia el largo camino por recorrer.
En el ámbito STEM la brecha continúa siendo profunda: apenas el 16% de los profesionales STEM son mujeres, y en el sector tecnológico su presencia cae hasta un 13%, según datos del Observatorio Social de la Fundación La Caixa. Estas cifras explican en parte por qué la ciberseguridad, a pesar de su crecimiento exponencial, sigue sin contar con suficiente talento femenino, especialmente en posiciones de liderazgo.
Si ampliamos la mirada al sector empresarial, el panorama tampoco es alentador. El último informe global Women in Business de Grant Thornton revela que “una mujer joven que se incorpore hoy al mercado laboral necesitará más de 25 años para llegar a trabajar en una empresa del mid‑market con paridad real en los puestos directivos”.
Además, un 16,3% de las empresas analizadas en el citado informe, no cuenta con ninguna mujer en la alta dirección, un retroceso respecto al año anterior. Estas cifras son especialmente preocupantes si se tiene en cuenta que la innovación y la seguridad digital —sectores estratégicos para la competitividad global— necesitan diversidad para anticipar riesgos, generar soluciones inclusivas y evitar sesgos tecnológicos.
«El 16,3% de las empresas analizadas en un informe de Grant Thornton, no cuenta con ninguna mujer en la alta dirección, un retroceso respecto al año anterior y especialmente preocupante para sectores como la ciberseguridad»
En paralelo, organizaciones como Women4Cyber están realizando un trabajo fundamental para visibilizar referentes y construir comunidad. Sus programas de mentoring, sus CybHerTalks o iniciativas como W4C Startup School reflejan que el ecosistema se mueve, que hay una generación de mujeres altamente preparadas ocupando roles clave, y que la sororidad profesional se ha convertido en palanca de progreso.
Perpetuar sesgos en algoritmos
La ciberseguridad, además, atraviesa un momento crítico. La irrupción de la inteligencia artificial, la automatización de ataques y la sofisticación del cibercrimen exigen perspectivas diversas para comprender y anticipar amenazas. Equipos homogéneos corren el riesgo de perpetuar sesgos en algoritmos, ignorar vulnerabilidades o diseñar sistemas que no protegen adecuadamente a toda la sociedad. La diversidad no es solo un valor ético: es un imperativo de seguridad.
A lo largo de mi trayectoria —desde auditoría y seguridad informática hasta la dirección del área de Ciberseguridad y Forensic en Grant Thornton— he comprobado que los equipos diversos son más analíticos, más creativos y más resilientes. La presencia de mujeres en ámbitos como la respuesta a incidentes, la ciberinteligencia, el análisis forense o la concienciación aporta una mirada complementaria, estratégica y orientada al detalle, que mejora los procesos y fortalece la cultura de seguridad.
Si queremos construir un ecosistema digital seguro, innovador e inclusivo, necesitamos más mujeres diseñando algoritmos, liderando centros de operaciones de seguridad, impulsando proyectos de cumplimiento y ocupando puestos en los que se toman decisiones críticas. Necesitamos referentes visibles, políticas activas de igualdad y un compromiso real del sector privado —como el que plantea el informe Women in Business— para acelerar la presencia femenina en la alta dirección.
La tecnología no será verdaderamente transformadora hasta que la diversidad forme parte de su ADN. Por eso, hoy más que nunca, es el momento de impulsar ese cambio. No solo por las mujeres que ya estamos aquí, sino por las que vienen.





