Opinión

El otoño, la futurofobia y un sector tecnológico obligado a ir “partido a partido”

Publicado el 26 Ago 2022

opinion juan

Se presenta un otoño complicado. Un otoño caliente, como se suele decir. Ya casi nadie lo duda. La inflación sigue desbocada (en julio rozó el 11%, la más alta en casi cuatro décadas) y los analistas ya dan por hecho que cerrará el año en torno al 9%. Algún sindicato mayoritario ya contempla movilizaciones para pedir una subida de los sueldos que compense la subida de precios que vive España y gran parte de Europa desde finales del año pasado, y que la guerra de Ucrania (y los especuladores) no han hecho más que avivar.

Por otro lado, la subida del dólar, moneda en la que los inversores buscan refugio cuando vienen mal dadas, complica las cosas a los importadores. Y el sector tecnológico nacional es eminentemente importador de componentes y sistemas, sobre todo de Asia. Y paga en unos dólares sobrevalorados que en breve también se dejarán notar en el PVP de dispositivos como portátiles, servidores, smartphones o consolas de videojuegos.

Tampoco llegan buenas noticias de la política económica. Las subidas de tipos de interés para contener y rebajar la inflación, que ya se empiezan a notar en los créditos y las hipotecas, enfriarán la inversión de las empresas y harán que las familias tengan que destinar más recursos a satisfacer sus deudas, y menos a comprar tecnología, por ejemplo. Hay unos meses de decalaje entre las subidas de los bancos centrales y la ralentización de la actividad a pie de calle, pero todo llegará.

Hay quien dice que el nuevo espíritu de los tiempos está dominado por la futurofobia. El porvenir, tantas veces anticipado en términos idílicos, ahora se presenta oscuro e irremidible. El progreso sigue encallado. La idea general (desde la gran crisis financiera de 2008) es que nuestros hijos van a vivir peor que nosotros y no hay relatos poderosos que inviten al optimismo. Los políticos se han subido al carro de este derrotismo. El presidente francés Macron ha decretado “el fin de la abundancia” y pide “sacrificios” a los ciudadanos.

Las sociedades están resignadas a un futuro incierto en la económico y muy preocupante en lo medioambiental. El periodista Héctor García Barnés ha escrito un libro llamado precisamente ‘Futurofobia’, donde disecciona este mal contemporáneo. “El término [de futurofobia] no se refiere tanto al miedo al futuro, sino al miedo ante la incapacidad de pensar futuros mejores que el presente que tenemos”, ha dicho García Barnés.

“El porvenir, tantas veces anticipado en términos idílicos, ahora se presenta oscuro e irremidible”

Volviendo al presente y a los números mondos y lirondos del sector TI, el panorama es complejo. Si en 2020 y 2021, en lo peor de la pandemia, el canal de distribución en España vendió como si no hubiera mañana (¡un mayorista decía que había entrado en una especie de Black Friday permanente¡) debido a que millones de empleados necesitan seguir trabajando desde casa, en 2022 esa tendencia se ha quebrado.

De enero a junio las ventas de los mayoristas cayeron ligeramente en términos generales (cuando un año antes subían un 20%). Y la comercialización de los portátiles y los smartphones, que tantos ingresos reportan y actúan de tracción para otras gamas de producto, se han desplomado. A nivel mundial, las cosas tampoco están mejor. Según varias fuentes, este año el mercado planetario de PC debería caer entre un 10% y un 15%.

En cualquier caso, los profesionales del sector son moderadamente optimistas. Dicen que las alegrías y las penas irán por barrios y siguen aplicando la fórmula deportiva del Cholo Simeone: “partido a partido”. Certifican que lo peor de la crisis de suministro de componentes ya ha pasado, y que incluso podría haber a medio plazo un problema de exceso de stock en algunas líneas de producto.

“La demanda de tecnología por parte de unas familias va a seguir hundida, aunque se espera que el proceso de digitalización de las empresas (sobre todo de las pymes) siga adelante”

Pero aventuran que la demanda de tecnología por parte de unas familias acuciadas por la inflación va a seguir hundida, aunque tienen esperanzas en que el proceso de digitalización de las empresas (sobre todo de las pymes) siga adelante, gracias en parte a unos fondos europeos que no acaban de llegar, y que en algún momento deberán empezar a fluir. También es probable que las compras del sector público ayuden a salvar los muebles. De hecho, en el primer trimestre del año crecieron un 35% con respecto al inicio de 2021. Conviene recordar que los fondos NextGeneration EU ponen bastante el foco en el desarrollo de la administración electrónica.

El panorama, pues, es bastante incierto y variopinto. Los problemas generales y civilizatorios atropellan a los del día a día (este artículo es un torpe ejemplo de ello). La tentación de pensar el futuro en los peores términos posibles y de abandonarse al catastrofismo está ahí. Pero también podemos aprovechar para empezar a cambiar las cosas y volver a construir un relato edificante de la historia.

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Juan Cabrera
Juan Cabrera

Juan Cabrera tiene más de 20 años de especialización en el sector tecnológico y sobre todo en el canal de distribución. También ha colaborado con otros medios y promociona siempre que puede la buena literatura, la música y la vida saludable.

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