Opinión

Juan Roig y la sostenibilidad de las cadenas de suministro

Publicado el 23 Mar 2023

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Hace unos días, las palabras de Juan Roig, el presidente y principal accionista de Mercadona, en la rueda de prensa de resultados de su compañía causaron mucho revuelo. “Sí, tienen razón, hemos subido una burrada los precios. Si no los hubiéramos subido, el desastre en la cadena de producción habría sido impresionante”, dijo Roig. El empresario valenciano justificaba así que Mercadona incrementara un 10% los precios finales en unos tiempos en que el IPC de los alimentos está disparado (marcó un 16,6% en febrero, según el INE) y muchas familias tienen pesadillas cuando les toca ir al supermercado.

Hay una guerra larvada entre las grandes empresas de distribución y el ala más izquierdista del Gobierno, representada por Podemos. Pero más allá de consideraciones políticas y éticas, sobre si los supermercados están sacando partido a la escalada de precios para engrosar sus cuentas, sobre si hay que crear una cesta de la compra con precios capados, para proteger a los más vulnerables, o sobre si hay que gravar los supuestos beneficios extraordinarios de las cadenas de alimentación, conviene detenerse en ese “si no hubiéramos subido [los precios], el desastre en la cadena de producción habría sido impresionante”.

El alza sin precedentes del precio de la energía y las materias primas, unido a una caída de la producción por las bajas cosechas, ha disparado los costes en el sector alimentario, no solo para Mercadona, sino para toda la cadena de distribución, desde el fabricante o productor hasta el punto de venta final, pasando por transportistas, almacenistas y empresas de transformación. En este ecosistema sufren sobre todo los más pequeños. El reto es ahora ajustar los precios en una industria, la alimentaria y de marca blanca, acostumbrada en los últimos años a los precios bajos y al “más por menos”. Es decir, deflacionista por definición.

Es el mismo problema que tiene la industria tecnológica, y sobre todo los fabricantes y revendedores de dispositivos. Históricamente, los PC han multiplicado sus capacidades al tiempo que bajaban progresivamente sus costes. Para muestra un botón: en 1997, un portátil de Toshiba (la marca de moda en aquel momento) podía costar 1.100.000 pesetas, es decir, 6.600 euros. Hoy, teniendo en cuenta el incremento del coste de la vida, un portátil de gama media puede costar 10 veces menos. Y lo mismo ha pasado con los smartphones, la conexión a internet o los servidores empresariales. La industria tecnológica siempre ha marcado récords de innovación, y también son pocas las que le han ganado a la hora de bajar precios y marcar una tendencia claramente deflacionista.

Sin embargo, y como nos recordaban hace unos días varios fabricantes y mayoristas de TI en nuestra mesa del Ranking del Canal, ahora toca darle la vuelta a la tortilla y subir los precios. El canal, sobre todo el de hardware, tiene una coyuntura complicada, con los almacenes hasta los topes de producto por una demanda que de repente cayó cuando todo el mundo hacia acopio por falta de componentes. Y con unos costes de financiación al alza y que afectan a los ya históricamente bajos márgenes que se mueven en este negocio.

En la línea de lo que comentó Roig en la presentación de resultados de Mercadona, toca ahora salvar la cadena de distribución del desastre y garantizar un futuro económico más saludable. Hacerla más sostenible en términos operativos y financieros. Pero eso requerirá tiempo, mucha previsión y tiento (para ir colocando poco a poco el exceso de stock) y mucho diálogo entre fabricantes y canales, para no hacer operaciones a pérdida o evitar que la subida de tipos convierta la venta de tecnología en un negocio ruinoso. Y quizá también un cambio en la mentalidad de unos consumidores acostumbrados indefectiblemente al “mucho más por menos”.

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Juan Cabrera
Juan Cabrera

Juan Cabrera tiene más de 20 años de especialización en el sector tecnológico y sobre todo en el canal de distribución. También ha colaborado con otros medios y promociona siempre que puede la buena literatura, la música y la vida saludable.

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