La inteligencia artificial ha dejado de ser una tecnología experimental para convertirse en una herramienta cada vez más habitual en el trabajo de las asesorías. Tanto es así que siete de cada 10 despachos profesionales españoles ya la utilizan, frente a los cuatro de cada 10 que lo hacían un año antes, según los datos del Barómetro de la Asesoría presentados por Wolters Kluwer durante el Foro Asesores Madrid 2026.
Sin embargo, el crecimiento de su adopción no implica que los profesionales tengan resueltas todas las dudas sobre su uso. Cerca de dos tercios expresan preocupación por la calidad de los datos que alimentan estas soluciones y más de la mitad identifica la falta de formación como una barrera para aprovecharlas adecuadamente. El reto, por tanto, se encuentra en determinar qué tareas puede asumir, cómo integrarla en los procesos existentes y qué nuevos servicios permite desarrollar.
Precisamente, durante la apertura del encuentro, Sergio Liscia, vicepresidente y general manager de Wolters Kluwer Tax & Accounting en el sur de Europa, resumió esta cuestión con una pregunta dirigida a los profesionales: “La pregunta no es si la tecnología nos va a sustituir. La pregunta es: ‘¿Qué vais a hacer con las horas que la IA nos devuelve?”.
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De la automatización al asesoramiento
Las posibilidades de esta tecnología se abordaron en una mesa redonda en la que participaron Juan Pañella, director de Gemap; Javier Zamorano, de AYZA Asesores; y Victoria Miravall, product strategy director de Wolters Kluwer Tax & Accounting Europe South Region.
Pañella trasladó la experiencia de su despacho con la incorporación de herramientas digitales y la automatización de procesos. Entre las aplicaciones analizadas figuraron la consulta y el tratamiento de documentación, la elaboración de resúmenes de reuniones y el análisis de información sobre la actividad y rentabilidad de los clientes.
El interés de estas herramientas reside en su “capacidad para reducir trabajos repetitivos y facilitar el acceso a información que antes requería una dedicación considerable”, argumentó el directivo. Pero también en “la posibilidad de detectar necesidades de los clientes y ofrecerles recomendaciones de forma más proactiva”.
Este cambio conecta con una de las tendencias señaladas en el barómetro. Y es que aproximadamente la mitad de los asesores quiere orientar su actividad hacia servicios de asesoramiento, mientras que cerca de cuatro de cada diez aspiran a reforzar su perfil consultivo.
Por su parte, Miravall destacó la importancia de integrar la inteligencia artificial en los programas que ya utilizan los profesionales, en lugar de tratarla como una herramienta aislada. En ese contexto, “la combinación de soluciones en la nube, trabajo colaborativo y conocimiento especializado puede favorecer una gestión más eficiente de la información”, comentó.
La responsable de Wolters Kluwer también puso el acento en la fiabilidad de las respuestas. “En actividades sujetas a constantes cambios legales y con información especialmente sensible, la calidad de los datos y la seguridad de los sistemas resultan determinantes para que los profesionales puedan confiar en las herramientas”, añadió.
Asimismo, Zamorano incidió en la dimensión organizativa de esta transformación. La incorporación de inteligencia artificial obliga a revisar la manera de trabajar, formar a los equipos y desarrollar nuevas competencias. En su opinión, “la tecnología puede ayudar a liberar recursos para tareas de mayor valor, pero exige que los despachos preparen a sus profesionales para asumir un papel menos administrativo y más orientado al cliente”.
Los límites de las decisiones automatizadas
Más allá de las aplicaciones vinculadas a la productividad, el foro también examinó las implicaciones del uso de algoritmos en las relaciones laborales. La sesión «Cuando decide el algoritmo» contó con la participación de Ana Ercoreca, inspectora de Trabajo y Seguridad Social y presidenta de FEDECA. Durante su intervención abordó los riesgos que aparecen cuando la inteligencia artificial interviene en procesos que afectan directamente a los trabajadores como la selección de personal, la evaluación del rendimiento o la organización del trabajo.
En este sentido, uno de los principales mensajes de Ercoreca fue la necesidad de mantener siempre la supervisión humana. “Los sistemas automatizados pueden ayudar a analizar información y agilizar tareas, pero sus resultados no deben aceptarse sin revisión, especialmente cuando pueden afectar a los derechos de las personas”, subrayó.
La sesión también puso sobre la mesa cuestiones como los posibles sesgos de los algoritmos, la transparencia en su funcionamiento, la protección de datos personales y los límites del control empresarial sobre los trabajadores. Todos ellos son aspectos que obligan a combinar la innovación tecnológica con el conocimiento de la normativa laboral y las garantías jurídicas.
La supervisión profesional sigue siendo imprescindible
Al final, distintos ponentes que participaron en el Foro Asesores Madrid 2026 coincidieron en que el avance de la inteligencia artificial no elimina la necesidad de profesionales cualificados. Al contrario, aumenta la importancia de comprobar la información, interpretar los resultados y asumir la responsabilidad de las decisiones.
Para las asesorías, esta evolución supone una oportunidad para incrementar su capacidad de trabajo y ampliar su oferta de servicios. El principal desafío será convertir el tiempo ganado mediante la automatización en un asesoramiento más especializado, sin perder de vista la formación de los equipos ni las exigencias de seguridad y fiabilidad de la información.
La inteligencia artificial, por tanto, se perfila como uno de los motores de transformación de los despachos; aunque su verdadero impacto no dependerá tanto del número de herramientas incorporadas, sino más bien de la capacidad de utilizarlas para mejorar el servicio prestado a las organizaciones.




