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Por qué el bono de IA para las pymes debe invertir en personas, no en licencias


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«No financiemos solo herramientas; invirtamos el bono de IA en capacitar a las personas para que las empresas españolas comprendan, dominen y lideren la verdadera transformación digital en España», dice el autor

Publicado el 9 oct 2026

Pau García-Milà

cofundador y co-CEO de Founderz



Pau García-Milà, de Founderz
Pau García-Milà, de Founderz



El tejido empresarial se adapta a la IA, pero no siempre lo hace con una estrategia clara. Asistimos a una carrera acelerada de las pymes para incorporar soluciones de IA y, en ese proceso, puede repetirse un error que ya vimos con otras tecnologías: confundir la adopción con la simple adquisición de software. Comprar licencias y distribuirlas entre la plantilla sin una estrategia de adopción ni formación no es digitalizar, es acumular costes y generar vulnerabilidades. Para entenderlo fácilmente, es como instalar maquinaria sin explicar cómo utilizarla: puede funcionar hasta que algo falla. Y, cuando falla, nadie sabe por qué.

El riesgo operativo, legal y empresarial de este enfoque es evidente. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que, en el primer trimestre de 2025, el 21,1% de las empresas españolas de 10 o más empleados utilizaba IA, frente al 13,4% de las empresas de menos de diez trabajadores. En las empresas de más de 10 empleados, Madrid (30,1%) y Cataluña (25,6%) se situaban por encima de la media nacional.

Además, la entrada en vigor gradual de las obligaciones de alfabetización en IA contempladas por el AI Act europeo convierte la capacitación en una necesidad operativa y no únicamente en una recomendación.

En este punto es donde el sector público y privado deben alinear prioridades. Las ayudas gubernamentales y los bonos de digitalización para impulsar la IA en las pymes deben evitar convertirse en un simple canal de distribución de suscripciones de software. El potencial de la IA está en liberar tiempo operativo y ampliar la capacidad de los equipos, pero eso exige comprender cómo utilizarla y dónde están sus límites.

Por eso, la alfabetización en inteligencia artificial debe entenderse como una competencia básica a la hora de digitalizar el tejido empresarial. Una capacidad que comienza por analizar para qué necesita la IA cada equipo, en qué procesos aporta valor y qué riesgos implica. No se trata de convertir a todos los trabajadores en expertos, sino de proporcionar los conocimientos necesarios para entender cómo funciona la IA, cuándo emplearla, qué riesgos presenta y la importancia del criterio humano.

Estos deben ser los puntos a tener en cuenta por cualquier compañía antes de invertir en IA, ya sea a través de los bonos del Gobierno o de manera independiente. La tecnología es cada vez más accesible. Por eso, la ventaja competitiva no reside únicamente en acceder al software, sino en el criterio con el que se aplica. Es el momento de transformar los fondos públicos en valor duradero. No financiemos solo herramientas; invirtamos el bono de IA en capacitar a las personas para que las empresas españolas comprendan, dominen y lideren la verdadera transformación digital en España.

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