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Paco Salcedo, presidente de Microsoft España, habla de IA, soberanía de datos, cloud, ciberseguridad… y partners



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En una entrevista, el presidente de Microsoft en España, que se estrenó en el cargo hace año y medio, anima a la gente joven a emprender y crear partners especializados en inteligencia artificial. En su opinión, la IA entra en una etapa decisiva con la llegada de los agentes a las empresas

Publicado el 15 abr 2026

Juan Cabrera

Director de Channel Partner



Paco Salcedo, presidente de Microsoft en España, en las oficinas de la compañía en Madrid
Paco Salcedo, presidente de Microsoft en España, en las oficinas de la compañía en Madrid

Paco Salcedo es presidente desde 2024 de la filial en España de Microsoft, que emplea a 1.400 profesionales y genera en ingresos más de 2.000 millones de euros anuales. Salcedo es una persona accesible y que entra a responder rápidamente cualquier cuestión que le hacemos sobre su compañía. Aunque al mismo tiempo se nota que sus respuestas están meditadas y estructuradas. Con una mezcla casi imposible de desenfreno verbal y reflexión, Salcedo, ingeniero de telecomunicaciones de formación y con larga trayectoria en el mundo teleco, habla en esta entrevista de temas espinosos para su compañía como la soberanía de los datos en un momento geopolítico muy incierto.

También se defiende cuando se le pregunta por la fuerte caída de la acción de Microsoft desde finales del año pasado, en parte debido a las dudas sobre el retorno de inversión de la IA. En este punto, Salcedo prefiere poner las luces largas frente al cortoplacismo de los mercados financieros. Además, adelanta los planes de Microsoft en cuanto a apertura de centros de datos en España, y valora el aterrizaje de la inteligencia artificial en las compañías e instituciones de este país, y su impacto en el empleo.

A nivel general, opina sobre la digitalización de la economía española. Y destaca el papel de la comunidad de partners de Microsoft a nivel nacional, formada por más de 10.000 empresas, y los retos que tiene en un momento de absoluta aceleración tecnológica, marcada por el bum de la IA. Mucha tela que cortar para una charla de una hora, aunque, por temas y ganas, pudieron ser dos.

Bueno, lo primero que te diría es que lo que me animó realmente a unirme a Microsoft, más allá del atractivo por la tecnología y del momento que estamos viviendo, fue que, en el proceso de entrevistas, encontré a gente auténtica. Me enganchó mucho la cultura de la compañía. Desde que Satya [Nadella, CEO] llegó, desde el 2014, y hasta hoy, es una empresa que ha sido muy coherente en la forma de trabajar, de aprendizaje continuo y colaboración.

He visto capacidad para constantemente adaptarse, aprender, hacer autocrítica o trabajar en equipo. Y es realmente algo que ha calado a todos los niveles. Es lo que más me ha gustado, más allá de la tecnología, de las plataformas, de la llegada comercial de la empresa o de la intensidad.

Y eso es lo que yo creo que hace que la gente se quede y que incluso vuelva cuando ha salido. Es una cultura del quiero aprenderlo todo versus lo sé todo. La tecnología te hace humilde. Aunque tú no lo seas por naturaleza, te acaba haciendo humilde porque va muy rápido. Es como el mercado, que te pone en tu sitio. Además, muchas veces en las corporaciones los valores son aspiracionales, pero no están realmente en la empresa. En Microsoft ya llevamos más de 10 años percutiendo sobre esto y formando y contratando al personal con estas ideas en mente.

La IA va más rápido de lo que parece. De hecho, este año tenemos evidencias reales de esta aceleración. Yo creo que es el año de consolidación de la IA. Hay un dato curioso: España es el sexto país del mundo en uso de la IA en cuanto a la población. El 40% ya está usando la IA generativa a diario, y eso nos sitúa en un nivel alto.

Pero también hay tensión en la adopción de esta tecnología por parte de las empresas y las organizaciones. Si las organizaciones y las instituciones no son capaces de dar esta herramienta a sus plantillas, pues los empleados, que buscan herramientas de productividad, usarán versiones de consumo y esto representa riesgos importantes en materia de seguridad o de fuga de datos. Además, es una IA más extractiva, en cuanto que extrae el conocimiento funcional de las organizaciones.

La IA empezó con muchos pilotos. Pero muchos consejos de dirección de muchas empresas se preguntaron por el retorno de la inversión si extendían la IA generativa a sus empleados. Reconocían que sus plantillas se ahorraban horas viendo correo, pero no veían que eso necesariamente se reflejara en su cuenta de resultados. Eso es lo que pasaba el año pasado. Pero ahora el gran cambio que va a llevar a una adopción masiva es la IA agéntica, que es la que permite dar un salto grande en productividad. En Microsoft solo tenemos desplegados 500.000 agentes.

Y ya estamos viendo empresas grandes que están escalando esto. Todo esto es posible porque ya empiezan a estar claras las cuestiones de seguridad y gobierno de los datos que deben acompañar a los despliegues de IA. Hoy existen las plataformas de gobierno, control y observabilidad necesarias.

Las funciones con un retorno más alto de la inversión son aquellas relacionadas con el desarrollo de software. Nosotros en Microsoft estamos viendo que la productividad en este ámbito se está hasta multiplicando por tres. Y esto lo está implantando casi toda la banca en España. Están adquiriendo herramientas de desarrollo agéntico y están cambiando la forma en la que desarrollan productos, aplicaciones y funcionalidades.

Otra área que está cambiando de forma notable es la de los call centers o centros de atención. Nosotros en Microsoft hemos conseguido 800 millones de dólares de ahorro. Ahora damos mejor servicio, con una mejor experiencia de los usuarios, y evitamos atender peticiones relativamente sencillas. También las funciones de backoffice, en áreas como finanzas o legal, pueden tener eficiencias que hasta ahora no se habían logrado. Hay muchos cuellos de botella en las organizaciones que empiezan a desaparecer porque la IA hace todo más sencillo. Hay empresas que están desplegando IA a escala, como Repsol o Navantia.

En la Administración tienes casos como el de la Comunidad de Madrid, donde estamos formando gratuitamente a 170.000 funcionarios. En la Junta de Andalucía estamos modernizando a 44.000 funcionarios. Hemos firmado un acuerdo para que desarrollen agentes que les permitan mejorar servicios al ciudadano. La Generalitat de Cataluña también está activa ahí.

Pero todo esto cuesta porque no solo es tecnología, sino sobre todo un cambio en la forma de trabajar. Nosotros somos la generación del Office, y la que viene es la de la IA agéntica. Habrá agentes departamentales, agentes de productividad personal, etc. Y esto requiere un acompañamiento y es un cambio que no se produce de la noche a la mañana. Tenemos que desaprender para volver a aprender.

Es verdad que el gran reto está en la pyme. Porque apenas el 10% de las pymes están utilizando IA. Y la cuestión es quién ayuda a las pequeñas empresas a hacer esta evolución. Tenemos 12.500 partners en España y esta es una gran oportunidad para ellos. Igual que cuando surgió la web o salieron las aplicaciones móviles se crearon empresas tecnológicas, ahora hay una oportunidad para gente joven emprendedora que quiera acompañar a las empresas. Y también para partners que quieran reinventarse. Todos van a ser muy necesarios. La pyme no está preparada, sobre todo con la velocidad a la que va esto.

Algunos sí y otros no. Tenemos además partners que empezaron en la pyme y han ido ascendiendo hasta alcanzar el cliente corporativo. Un ejemplo es Encamina, que fue partner del año en 2025. Hay muchos partners especializados, pero tenemos que acompañarlos mejor. Con más programas y formación. Y, además, surgirán otros. Yo animaría a la gente joven a emprender y crear partners especializados en IA de Microsoft y de otros.

La tecnología afortunadamente va a hacer que las aplicaciones web cambien y todo sea mucho más transparente. El nuevo interfaz será la IA. Diremos adiós a las webs complicadas y a las aplicaciones con un montón de menús desplegables. En este escenario, la interfaz va a ser mucho más humana y transparente. Será la IA la que use las funcionalidades que pone a su disposición el software para darnos lo que le pedimos.

Pero no debemos entender que el SaaS (software as a service) va a desaparecer, sino que el stack cambia. Si tienes una aplicación SaaS, tendrás que abordar su rearquitectura. Y si tienes una web, tendrás que “agentizarla”. ¿Quién se mete al tercer nivel de una web? Nadie. Precisamente uno de los problemas de las webs es su navegación. Otra vez cambiará internet, que se volverá agéntica y abierta. Y cambiarán las aplicaciones corporativas, que pasarán de ser muy dirigidas y deterministas a fluidas y no deterministas.

Todo esto nos obliga a las empresas de software a cambiar. Hay una disrupción y todos tendremos que adaptarnos. Y es una oportunidad para que se creen nuevas empresas. Nosotros tenemos productos finales, pero somos también plataforma. Y eso nos protege. Además, animamos a todo el mundo a crear sobre nuestra plataforma.

El modo agente, que ya hemos lanzado, permite que el Excel, por ejemplo, pueda ser manejado con un asistente de IA donde tú dices lo que quieres hacer, y la IA decide qué fórmulas aplicar, cómo organizar las tablas, etc. En función también de lo que va sabiendo de ti. De momento dejamos los menús, para que el usuario vea lo que hace la IA. De todas formas, los menús no desaparecerán, sino que serán usados por la IA por detrás, y para el usuario todo será transparente. La IA aporta otro nivel más de abstracción al mundo de la informática. Como los lenguajes de alto nivel ya enmascararon los ceros y los unos.

No conozco en la historia de la economía ninguna revolución que no haya hecho la economía más grande. La IA hay que verla como deflacionista, porque te genera eficiencias, pero también es inflacionista, porque te acelera la economía. Puedes sacar productos más rápido y puedes hacer muchas más cosas.

Lo que pasa es que en esos cambios ha habido que adaptarse. La IA puede verse como lo que la máquina de vapor fue al trabajo manual. Y, en este sentido, es una cura de humildad para el trabajo intelectual. Pero también permite acelerar y eliminar en parte el estrés mental que supone manejar toda esta información. Y una vez resuelto este problema, nos podemos dedicar a crear valor.

En este cambio evidentemente habrá funciones, como las de backoffice, que serán impactadas. Pero tampoco tengo claro la resultante. No es que te quites programadores y ya está, sino que haces las cosas de forma diferente. Serán full-stack developers y van a poder hacer más cosas. Además, se van a crear cosas. En muy poco tiempo tenemos 11.700 modelos [de IA] en nuestra plataforma. Y no se han creado solos. Esto es una industria que se está desarrollando.

Yo no tengo una visión apocalíptica del empleo en tiempos de la IA. Tampoco creo que a los jóvenes no los vayan a contratar. Sobre todo si vienen de serie con la IA. Además, la sociedad tiene sus mecanismos de protección ante una disrupción así. Para eso tenemos un contrato social, sindicatos, etc. Para la que la transición sea ordenada. Además, dependerá de nosotros hacer un uso responsable y ético de la tecnología.

Nosotros queremos que esta revolución sea accesible a cuantas más partes del planeta mejor. Por eso tenemos más de 70 regiones de nube y 400 centros de datos. Hemos invertido 80.000 millones de dólares en el último año, y en el último trimestre más de 32.000 millones. Y por todo el mundo.

Dicho esto, también es verdad que en los modelos de IA puede haber cierta inflación. Parece que hay cierto hype (expectación exagerada) y parece que todo el mundo tiene que tener su modelo. Pero hoy vale un modelo y mañana será otro. Aunque creo que todo esto se acabará ordenando.

En centros de datos, puede haber demasiada gente haciendo estas infraestructuras. Por eso el Gobierno ya está ordenando esto, para que sean verdes y sostenibles. Además, no todos los centros de datos son para IA. Todavía quedan muchos datos que liberar de aplicaciones propietarias y pasar a la nube. Por eso no me preocuparía que hubiera una burbuja en las infraestructuras. De hecho, hacen falta más.

No creo que haya una burbuja como tal. Aunque, como en toda revolución, habrá gente que se equivoque y gente que acierte. Por eso nosotros somos neutros en modelos. Hay cierta obsesión por esa competición de modelos: OpenAI, Gemini, Claude, Grok… Pero nosotros los tenemos todos. Nuestra propuesta a los clientes es: yo te doy la plataforma que te asegura que tus datos son tuyos, pero sin renunciar a toda la selección.

Los mercados financieros reaccionan a múltiples factores, muchos de ellos geopolíticos, macroeconómicos o sectoriales. Nuestra prioridad es ejecutar nuestra estrategia y seguir innovando para nuestros clientes. Cuando eso ocurre de forma consistente, la creación de valor se refleja con el tiempo. Seguimos viendo una demanda muy sólida en ámbitos como el cloud, la ciberseguridad o las soluciones basadas en IA. Y creemos que es esa capacidad de acompañar la transformación digital de nuestros clientes la que, en el medio y largo plazo, acaba determinando el valor de la compañía.

Lo primero es la magnitud del portfolio. También nos distingue el ecosistema de partners que utiliza nuestra plataforma. Y por partners hablo de proveedores de software como Adobe. También la apuesta por tener dos regiones, con el volumen de inversión que eso conlleva. Además, somos quizá la compañía más pura en cuanto a tecnología. Porque no tenemos un negocio de publicidad ni de retail. Nosotros solo nos dedicamos a la tecnología: nube y software.

Además, nuestro enfoque a partners es mucho mayor. Y nuestra red es la más capilar. Otros dos competidores han intentado replicar este punto y no han podido. Y, por último, desde que Saya [Nadella, CEO] llegó somos una compañía con bastante coherencia en los valores. Y eso se nota en estos tiempos tan revueltos. Nuestra misión de democratizar la tecnología no está tan presente en los otros hiperescalares.

En Madrid tenemos tres zonas de disponibilidad, como en todas nuestras regiones de nube. Tenemos más de 15 centros de datos y hay 3.000 clientes españoles que utilizan esta región de Madrid. Y también hemos anunciado Aragón, que cuando acabe será una de las regiones más grandes de Europa. Contamos con empezar las obras en verano y que en 2030 esté operativa. Para luego irle añadiendo centros de datos paulatinamente, como ha pasado en Madrid.

Lo primero es seguir desarrollando nuestras regiones cloud. No solo a nivel de infraestructura, sino también enriqueciéndolas con nuevos servicios. Nuestros y de terceros. Recientemente anunciamos que Oracle estaba disponible en la región de Madrid, por ejemplo. Con Databricks también estamos hablando. Eso lo valoran mucho nuestros partners.

Por otro lado, tenemos 1.400 empleados en España, de distintos ámbitos. España es atractivo para trabajar. Y para mí que España siga siendo un foco de atracción de talento en Microsoft es fundamental. Recientemente anunciamos que movíamos parte del centro de ventas a pymes de Irlanda a Barcelona. Y la idea es seguir moviendo proyectos de este tipo. Parte de mi rol es vender el “proyecto España” dentro de Microsoft. Si todo va bien y el negocio sigue creciendo como lo hace, España será uno de los grandes hubs de Microsoft en Europa.

Bueno, lo primero que diría es que me alegro de que las empresas cobren conciencia de la soberanía de los datos. Que los ordenen y luego que sepan que son un activo súper importante que tienen que cuidar, que proteger, que etiquetar, que manejar y que liberar. Es verdad que con el lío geopolítico hay ciertas preguntas que son totalmente razonables. Cuestiones que antes a lo mejor nadie se hacía y que ahora se hacen.

Microsoft tiene un firme compromiso con Europa. También te diría que Microsoft sigue la ley allá donde opera. En todo caso, no es que con la CLOUD Act alguien se despierte por la mañana en Estados Unidos y se ponga a pedir datos y hay que entregárselos. Evidentemente nosotros donde operamos cumplimos la ley. Y esa ley, ante un juez que haga una petición, te puede llevar a una serie de cosas. Pero hay suficientes guardarraíles jurídicos para que tú te defiendas contra eso. Nos defendemos a nosotros mismos, y también defendemos a nuestros clientes porque de ello depende nuestra credibilidad. De hecho, ya ganamos contra la administración Obama.

¿Qué hemos hecho en Europa? Hemos adoptado cinco compromisos fuertes. El primero es que vamos a seguir invirtiendo. Se ha dicho que vamos a aumentar un 40% de inversión. Seguimos desplegando centros de datos que no tienen ruedas y te los llevas, sino que ahí se quedan y que son activos nuestros. Todos esos centros de datos, además, se han pasado a una empresa europea y se han metido bajo el paraguas de esa empresa.

Además, se ha puesto en esa empresa un consejo de administración formado solo por europeos. Luego, en nuestros contratos hay cláusulas legales también que protegen a los clientes de eventuales desconexiones o escenarios extremos por parte de una administración. Además, hemos desarrollado políticas, como la EU Data Boundary, que asegura a nuestros clientes que sus datos, cuando se alojan en centros de datos europeos, no salen en Europa ni en almacenamiento ni en procesamiento.

Además, hemos desarrollado funcionalidades de soberanía en la nube pública que permiten a los clientes tener controles adicionales, por ejemplo, la gestión de las claves de encriptación. O lo que sería la computación confidencial, una protección adicional en ciertos procesos críticos donde los datos están doblemente encriptados.

Pero, además, hemos puesto sabores de nube soberana en nube privada. Una réplica de nuestro stack de nube pública en local. Los clientes pueden manejar escenarios híbridos, con ciertas cargas en nube pública y otras en nube privada, y todo conectado. Si invaden país, un cliente puede garantizar la continuidad del negocio llevándoselo todo a la nube. O, al revés, si hay una discontinuidad geopolítica, ese mismo cliente puede tenerlo todo en local.

En ese caso, están nuestros departamentos jurídicos. Pero que un juez nos pida información puede pasar en Estados Unidos o en España. ¿Qué hace ahí Microsoft? Lo primero es que revisar el caso. Estamos en países donde un juez, en democracia, puede pedir datos. Lo que pasa es que, antes de darlos, hay muchísimos niveles que cubrir.

No conviene simplificar. La CLOUD Act no está hecha para que si un día se despierta el presidente de Estados Unidos y tiene curiosidad por ciertos datos, nos llame. Eso no funciona así. No tendríamos 70 regiones en el mundo si todos los clientes estuvieran atemorizados. Además, en muchos casos soportamos cargas súper críticas. Nosotros somos los primeros interesados en proteger a nuestros clientes. Nos va la vida en ello.

Pero la mayor amenaza no es esta, sino la ciberseguridad. Estamos demasiado obsesionados con la soberanía, cuando la gran batalla es la ciberseguridad. Es un tema casi existencial y por eso estamos invirtiendo 4.000 millones de dólares al año en ciberseguridad y procesamos 100 billones españoles de señales al día. Y todo esto lo ponemos al servicio del Centro Criptológico Nacional y de los organismos de ciberseguridad de distintos países, así como de las empresas.

La IA ha sido una llamada de atención. Las empresas se han dado cuenta de que no estaban preparadas a nivel de datos, que siguen prisioneros en aplicaciones legacy, o en adopción de nube, donde España va por detrás con respecto a otros países de Europa. Las grandes empresas están reaccionando muy rápido. De hecho, están cerrando centros de datos y están migrando a la nube. Y la pyme ha apostado por el SaaS. Y el principal riesgo de las pymes está en la ciberseguridad.

Ahora hay una carrera para estar preparado para la IA en cuanto a aceleración de migración a nube y adopción de ciberseguridad de manera mucho más acentuada. Por ejemplo, los agentes de IA tienen que tener su identidad y sus permisos de acceder a aplicaciones. El impacto de la llegada de la IA no solo se da en los propios sistemas de IA, sino también en otros ámbitos.

Pues tienen un papel fundamental. Nosotros somos una empresa que se debe a nuestros partners. Por cada euro que ganamos, nuestros partners ganan ocho, y los que crean propiedad intelectual sobre nuestra plataforma, hasta 11 euros. Evidentemente, a la velocidad que va esto, el gran reto es estar al día. Intentamos acompañarlos de la mejor manera posible porque los necesitamos. Nosotros, por diseño, somos una empresa de partners y cada vez lo vamos a ser más. Nosotros tendemos a ser cada vez más ligeros y darle protagonismo a nuestros partners.

Y eso es claramente así, sobre todo en la parte de pymes. Lo que pasa es que el perfil de partner que se impone es del que se basa en la implementación de solución, y no tanto en la transacción. Porque somos cada vez más una empresa de plataforma y menos de licencias. Queremos un partner que cree casos de uso en los clientes.

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